El Gobierno inició una nueva etapa enfocada en la construcción de poder de cara a 2027. La estrategia combina dos pilares fundamentales: un programa financiero para garantizar el pago de la deuda y una ofensiva política para eliminar las PASO, buscando debilitar al peronismo y ampliar la base de aliados de cara a un eventual segundo mandato.
Javier Milei ha dado inicio a un cambio de paradigma en su gestión. Tras un primer año y medio centrado en la estabilización económica y la confrontación directa con el sistema, el Presidente comenzó a preparar el terreno para su reelección en 2027. Con la llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete y un estricto programa financiero bajo el ala de Luis Caputo, el oficialismo busca transitar el tramo final del mandato combinando acuerdos políticos pragmáticos con una ingeniería electoral que apunta a debilitar a la oposición.
La nueva hoja de ruta de la Casa Rosada no es casual ni aislada. El Gobierno entiende que, para romper con la tradición argentina donde ningún oficialismo logra retener el poder desde 2015, necesita blindar la economía y reconstruir su mayoría política. Bajo esta premisa, la administración libertaria está ejecutando una doble táctica: garantizar a los mercados que Argentina cumplirá con sus vencimientos hasta 2027 y convencer a los gobernadores de avanzar en una reforma electoral que elimine las Primarias (PASO).
La reforma de las PASO: una pieza de ajedrez político
Para el oficialismo, la eliminación de las PASO ha dejado de ser un tema meramente técnico para transformarse en una herramienta estratégica. El objetivo es claro:
- Desordenar a la oposición: Sin las primarias, el peronismo pierde su principal mecanismo institucional para dirimir liderazgos, trasladando el conflicto a negociaciones políticas internas que, según los cálculos de la Casa Rosada, favorecen al Gobierno.
- Captar aliados: Al eliminar la obligatoriedad de internas, se abre la puerta para atraer a dirigentes peronistas que buscan preservar su poder territorial lejos de la conducción del kirchnerismo.
Un nuevo «método» para el segundo tramo
La incorporación de Diego Santilli como jefe de Gabinete marca el tono de esta nueva etapa. La consigna es simple: «los colores no definen». El oficialismo busca ampliar su base de sustentación, manteniendo la identidad libertaria pero aceptando que la gobernabilidad y un eventual segundo mandato requieren acuerdos con el PRO, el radicalismo y partidos provinciales.
Esta apertura se refleja en una mayor institucionalidad en la comunicación —con la vocería de Adrián Ravier y la coordinación de Fabián Fernández—, mientras que el núcleo de poder político sigue concentrado en Karina Milei y Eduardo «Lule» Menem. La confrontación no se abandona, pero se segmenta: se diferencia claramente entre adversarios irreconciliables y potenciales aliados.
Previsibilidad como activo electoral
En paralelo, el equipo económico trabaja para despejar el horizonte financiero. La meta de Luis Caputo y Santiago Bausili es clara: llegar a 2027 con una economía en crecimiento, inflación bajo control, empleo privado en alza y, sobre todo, un esquema de financiamiento que elimine la incertidumbre sobre la deuda externa. En el Gobierno sostienen que la previsibilidad es un activo electoral que puede romper el ciclo de crisis que condicionó a las gestiones anteriores.
