El IPIM marcó un 2,5% en mayo, un respiro estadístico frente a la debacle de abril. Sin embargo, el «tarifazo» en la energía eléctrica y la escalada en productos químicos revelan que, para el sector productivo, el alivio está lejos de ser una realidad.
Mientras el INDEC intenta mostrar un horizonte de calma con el 2,5% de mayo, el tablero mayorista hierve por debajo. Si bien la desaceleración respecto al 5,2% de abril es un hecho matemático, el dato esconde una radiografía feroz: la energía eléctrica se disparó un 14,7% en un solo mes, poniendo en jaque la competitividad de las fábricas.
La brecha entre el relato oficial y la calle queda expuesta al mirar el desglose. Mientras los precios mayoristas se mueven al compás de la mano invisible del mercado, la energía —un insumo que el Estado controla o regula— se convirtió en el principal verdugo de la estructura de costos. El golpe del 14,7% en luz y los incrementos superiores al 7% en químicos dejan en claro que, para los productores, la inflación sigue siendo una carga pesada, aunque el índice general intente disimularlo.
A esto se le suma una acumulación interanual del 34,5% que no perdona. Aunque el Gobierno busque capitalizar el dato como un triunfo de su gestión, el hecho de que los productos importados suban un 3,1% (por encima del promedio general) y que los insumos básicos sigan ajustando, sugiere que el proceso de «enfriamiento» tiene un costo altísimo para la industria local.
El rubro pesquero, que cayó un 11,7%, parece ser el único en sintonía con la recesión del consumo, mientras que el resto de los sectores sigue atrapado en una carrera de costos que no termina de bajar. Mayo dejó una desaceleración, es cierto, pero la pregunta del millón sigue siendo si esto es el inicio de una estabilidad duradera o simplemente un breve respiro antes de que los nuevos aumentos de tarifas vuelvan a sacudir la estantería.
