El próximo 1 de julio, al cumplirse 52 años del fallecimiento del líder justicialista, el gobernador evalúa realizar un encuentro masivo con los titulares del partido en los 135 municipios. La Quinta de San Vicente aparece como el escenario elegido, en un clima marcado por la creciente desconfianza del cristinismo.
Axel Kicillof define por estas horas su hoja de ruta política para el 1 de julio, fecha en que se conmemora el 52° aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón. El mandatario bonaerense busca capitalizar la fecha simbólica convocando a los presidentes del PJ de los 135 distritos de la provincia, posiblemente en la Quinta de San Vicente, en un intento por reafirmar su liderazgo partidario frente a una interna que se agudiza día a día.
La jugada de Kicillof no es casual, sino un intento de mostrar músculo político en un contexto donde el «cristinismo» no le quita la mirada de encima. La relación entre el gobernador y La Cámpora atraviesa uno de sus momentos más tensos, reactivada tras las polémicas declaraciones de la legisladora porteña Berenice Iañez —vinculada al entorno del mandatario—, quien cuestionó duramente a Cristina Kirchner. La respuesta de la intendenta quilmeña Mayra Mendoza, quien confesó que el gobernador le genera «mucha desconfianza», dejó en claro que la distancia política se ha transformado en una abierta confrontación personal y estratégica.
En el medio, el próximo sábado será un termómetro clave: el banderazo en el Parque Lezama, convocado por sectores afines a la expresidenta, servirá para medir quiénes asisten y quiénes se mantienen al margen. Aunque Kicillof y el PJ bonaerense lanzaron la convocatoria oficial al acto, su presencia física sigue siendo una incógnita que mantiene en vilo a todo el arco peronista.
La reunión en San Vicente, de concretarse, buscará proyectar una imagen de unidad bajo la gestión de Kicillof, quien asumió formalmente la conducción del PJ provincial en abril pasado. Sin embargo, la sombra de la expresidenta y la presión de La Cámpora para que el gobernador «comparezca» en su despacho, siguen condicionando cada paso de su gestión. Mientras tanto, el mandatario intenta priorizar la formación política y la estructura partidaria, aunque los ecos de la interna —y los incidentes con militantes kirchneristas en actos anteriores— recuerdan que el terreno es, a estas alturas, sumamente movedizo.
