El fenómeno recuperó las juntadas presenciales y amplió la oferta con títulos nacionales e importados.
Lejos de quedar relegados por el avance constante de las pantallas y el entretenimiento digital, los juegos de mesa experimentaron un profundo renacimiento en la Argentina durante los últimos años. Este fenómeno, impulsado inicialmente por los cambios de hábitos y el aislamiento prologando durante la pandemia, encontró un terreno fértil en la posterior necesidad de recuperar el espacio de las reuniones presenciales, las actividades compartidas y el esparcimiento colectivo entre amigos, parejas y familias.
Sobre este crecimiento habló Gabriel Fuchs, referente indiscutido del sector y director de Doda, un café de juegos ubicado en el barrio porteño de Palermo que alberga una colección personal superior a los 2.500 ejemplares, posicionándose como una de las más grandes de Sudamérica. Durante su análisis, Fuchs destacó que el mercado actual se caracteriza por una oferta sumamente diversificada que incluye dinámicas de estrategia, agilidad mental, preguntas de cultura general, títulos cooperativos y propuestas de reglas breves ideales para resolver partidas dinámicas. Asimismo, subrayó el notable desarrollo de la industria nacional a través de creaciones íntegramente diseñadas, producidas e impresas en el país como Cleptómano y Lunes, las cuales introducen mecánicas innovadoras de coordinación, velocidad y ambientación temática.
En cuanto al aspecto comercial, los precios de los juegos varían de forma considerable y se ven afectados de manera directa por la disponibilidad de stock, el origen del producto, la complejidad de sus componentes y el tamaño de la caja. Mientras que las ediciones más simples o de producción local poseen valores accesibles, los títulos complejos importados o de alta gama —tales como el reconocido juego de estrategia Root— pueden alcanzar cifras que oscilan entre los $200.000 y $300.000. De este modo, el universo lúdico se consolida no solo como un hobby en constante expansión, sino también como una industria cultural pujante que continúa ganando terreno en los hogares y espacios gastronómicos del país.
