Un informe de la Unión Industrial Argentina advierte sobre el freno al crédito productivo, el encarecimiento del financiamiento y las dificultades que atraviesan miles de pymes y grandes firmas.
La mora en el sector industrial argentino se multiplicó por más de cinco en el último año y medio. La tasa de irregularidad de las empresas industriales pasó del 0,7% en diciembre de 2024 al 3,8% en junio de 2026, según un informe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA). El deterioro afectó a unas 4.300 firmas con deuda bancaria y se produjo en paralelo a un endurecimiento de las condiciones financieras que frenó el crédito productivo y disparó las tasas de interés a niveles que, en sus picos, llegaron al 190% de tasa nominal anual (TNA).
El dato se conoce en un contexto en el que la Argentina registra la tasa de morosidad más alta de América Latina: el 7,3% de la cartera del sistema bancario estaba en situación irregular a marzo, según un relevamiento de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) sobre 16 países de la región. En este escenario, la irregularidad abarca tanto a familias como a empresas, ya que cerca de 5,8 millones de argentinos mantienen deudas con entidades financieras.
El freno del crédito y el impacto de las tasas
Según el informe de la UIA, hasta mediados de 2025 el crédito a las empresas había crecido un 106% en términos reales desde diciembre de 2023. Sin embargo, ese impulso se cortó de manera abrupta entre julio de 2025 y mayo de 2026, cuando el financiamiento apenas avanzó un 0,2% real debido a la suba de tasas y encajes bancarios.
El monto total de crédito de empresas industriales asciende a 25 billones de pesos a junio de 2026. De ese total, $968.000 millones están en situación irregular, distribuidos entre 4.231 firmas morosas, con un promedio de $228 millones por empresa. Un dato clave es que el 80% de las compañías hoy en mora eran pagadoras regulares hasta 2024, y el salto en su situación coincidió con el encarecimiento del financiamiento.
Las tasas de adelanto en cuenta corriente llegaron al 75% TNA en promedio en octubre de 2025, con picos diarios del 190% TNA. Aunque luego descendieron, en julio la tasa promedio ponderada continuaba en un elevado 42% para las pymes. Ante este panorama, mientras las grandes firmas volcaron parte de su financiamiento hacia el crédito en moneda extranjera (que creció un 30,3% interanual), las más chicas quedaron mayormente expuestas al encarecimiento de los créditos en pesos.
Efecto contagio y debate político
El deterioro de las carteras crediticias generó consecuencias en cadena: el 47% de las empresas industriales enfrentó retrasos en al menos uno de sus principales pagos, con demoras en impuestos (34%), proveedores (32%) y compromisos financieros (25%).
El trasfondo estructural agrava el cuadro, ya que Argentina tiene un crédito al sector privado equivalente al 13% del PBI, el más bajo entre los 16 países relevados por Felaban, frente a un promedio regional del 47,3%. A esto se suma que los impuestos nacionales, provinciales y municipales elevan más de un 18% el costo financiero de un crédito productivo.
Frente a este escenario, el informe del CEU-UIA propone una normalización progresiva de los encajes bancarios, la potenciación de sistemas de garantías y una revisión de la presión tributaria sobre el financiamiento en los tres niveles de gobierno para aliviar la situación del sector productivo.
