La recomposición tarifaria implementada por el Gobierno disparó la incidencia impositiva en la nafta. Sin embargo, se registra una baja histórica en la ejecución presupuestaria de Vialidad Nacional y fondos sin utilizar.
El Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) se ha convertido en uno de los componentes de mayor incidencia dentro del mercado de hidrocarburos. Su peso en el precio final de la nafta súper pasó de representar el 8,9% en noviembre de 2023 al 19,25% en julio de 2026, lo que implicó que el monto fijo incluido en cada litro saltara de $116 a $400 en términos nominales.
De acuerdo con un relevamiento del Instituto Argentina Grande (IAG), este incremento acumulado del 1.265% superó con creces la inflación del período, estimada en un 320%. La diferencia responde a la decisión oficial de actualizar el tributo —cuyo esquema es de suma fija por litro— para compensar el fuerte rezago heredado de la gestión anterior, donde su actualización nominal había quedado congelada.
Disminución del gasto en la red vial y fondos en instrumentos financieros
Si bien una proporción del ICL está afectada por ley al Fideicomiso de Infraestructura de Transporte para sostener el Sistema Vial Integrado y las obras de la Dirección Nacional de Vialidad (DNV), la ejecución de estos recursos registró mínimos históricos.
El informe detalla que el gasto devengado por la DNV se redujo un 71% en comparación con 2023, y la tendencia contractiva continuó durante la primera mitad de 2026. Ante la consulta pública, desde el Ejecutivo señalaron que una parte de los recursos de estos fideicomisos se administró con el fin prioritario de «lograr el equilibrio fiscal», priorizando la colocación de excedentes en instrumentos financieros por sobre la ejecución directa de obras de infraestructura, apostando a futuro a un modelo enfocado en la inversión privada y la transferencia de rutas a las provincias.
