Perdió al 75% de sus habitantes tras el cierre del tren, pero se reinventó y ahora es furor por su gastronomía de campo.
Ubicado a tan solo 170 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, el pequeño pueblo de Castilla —perteneciente al partido de Chacabuco— se ha convertido en el destino favorito de los viajeros que buscan escapar de la rutina, disfrutar del aire puro y deleitarse con comida casera de primer nivel. La historia de esta localidad está marcada por la resiliencia: en la década del noventa, el cierre del ferrocarril San Martín golpeó fuertemente su economía y provocó un éxodo masivo que redujo su población de 3.000 a unos 700 habitantes. Sin embargo, lejos de bajar los brazos, las familias que se quedaron apostaron por el turismo rural y la gastronomía, transformando al pueblo en un furor de fines de semana y feriados.
El gran motor de este boom gastronómico es El Stud, un restaurante de campo atendido por la familia Ontiveros – Morra que funciona en el mismo predio donde antes se criaban caballos de carrera. Allí, los visitantes pueden disfrutar de imperdibles asados a la estaca, vacío, lechón, achuras, pastas caseras y una amplia variedad de postres artesanales. La oferta local se complementa con propuestas como Las Cañitas, el histórico bar El Triángulo —activo desde 1968—, la rotisería Mucho Gusto y la pizzería Los Mazzetti, ubicada frente a la plaza principal en una casona centenaria. Para llegar desde CABA en auto, se debe tomar el Acceso Oeste hasta empalmar con la Ruta Nacional 7 en dirección a Junín, pasando por Luján y Carmen de Areco, para luego desviarse hacia Chacabuco en un viaje que demanda aproximadamente dos horas y media.
