Ubicado en el partido de 25 de Mayo, este antiguo asentamiento ferroviario conserva su arquitectura señorial y fachadas emblemáticas. Naturaleza, tranquilidad y un viaje directo al pasado para disfrutar durante un fin de semana.
A menos de 200 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, el pueblo de Ernestina se presenta como un refugio ideal para quienes buscan desconectarse del ritmo urbano. Fundado en 1896 y testigo de una época dorada marcada por el auge del ferrocarril, este destino ha logrado preservar su patrimonio arquitectónico, convirtiéndose hoy en un atractivo turístico que combina historia y paisajes únicos.
La historia de Ernestina es el reflejo del desarrollo y posterior declive de los pueblos ferroviarios. En su momento de mayor esplendor, llegó a albergar a cerca de 1.800 habitantes, contando con una infraestructura que incluía teatro, hotel y farmacia propia. Aunque el cese del transporte en tren lo dejó en el olvido durante décadas, hoy su avenida principal, la San Martín, vuelve a atraer miradas con su bulevar señorial, sus imponentes palmeras Phoenix Canariensis y una fuente histórica que marca el corazón del pueblo.
Visitar Ernestina es realizar un ejercicio de memoria. Los visitantes pueden recorrer el Teatro Argentino, admirar la iglesia neogótica de 1912 y caminar por el antiguo colegio Enrique Keen. Entre los datos curiosos que cautivan a los turistas, destaca el «asfalto real»: un pavimento que se colocó en 1925 especialmente para la visita del Príncipe de Gales, una muestra del prestigio que el pueblo supo ostentar en el pasado.
Cómo llegar El trayecto desde Buenos Aires tiene una extensión de aproximadamente 177 kilómetros. Se debe tomar la autopista Ezeiza-Cañuelas y continuar por la ruta 205 hasta enlazar con la ruta provincial 30. Al llegar al paraje Forastieri, el camino continúa por 8 kilómetros de tierra. Las autoridades locales recomiendan, ante posibles días de lluvia, optar por un acceso alternativo a través de la RP 40, garantizando así un viaje sin complicaciones.
