El reporte de la UIA muestra que los problemas por escasez de clientes y mayores costos provocan consecuencias inéditas en relaciones con proveedores y operaciones de producción.
La liquidez del sector industrial argentino sufrió un fuerte deterioro durante el mes de julio, consolidando un escenario de extrema fragilidad para las empresas. Según la última Encuesta del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA), el 47,6% de las firmas tuvo dificultades para cubrir al menos uno de sus pagos habituales —tales como salarios, proveedores, compromisos financieros, servicios públicos o impuestos—. Lo más alarmante es que el 9,2% acumuló atrasos en todos los rubros al mismo tiempo, marcando el valor más alto registrado en la serie y ubicándose muy por encima del promedio histórico del 4%.
Esta profunda restricción financiera encuentra su raíz en la fuerte contracción de la actividad y la debilidad de la demanda, un combo que golpea con dureza al mercado interno: la mitad de las empresas registró caídas en sus ventas locales y el 42,9% redujo sus niveles de producción. En este contexto, el Monitor de Desempeño Industrial (MDI) se desplomó hasta los 40,4 puntos, posicionando a todos los sectores en zona de contracción. Las micro y pequeñas empresas sufrieron el impacto más severo, superando al promedio general con un 54,8% de bajas en sus ventas. Ante la falta de caja, las obligaciones que más se postergaron fueron los impuestos (el 34,6% no pudo pagarlos en su totalidad) y los compromisos con proveedores (33,3%), seguidos por deudas financieras (25,6%), servicios públicos (16,3%) y salarios (12,7%).
Para poder sobrevivir a este cuello de botella, el 56,2% de las compañías afectadas debió recurrir a opciones de financiamiento a corto plazo o incrementar su endeudamiento, mientras que el 53,2% afrontó tasas de interés y costos financieros mucho más elevados. Las consecuencias operativas no tardaron en llegar: un 31,8% reportó un deterioro directo en la relación con sus proveedores o empleados, el 22,7% sufrió retrasos productivos y un 21,1% enfrentó problemas de abastecimiento de insumos. A todo esto se suma que 6 de cada 10 firmas señalaron un impacto alto de la competencia desleal y el contrabando, advirtiendo que los productos importados se comercializan a precios artificialmente bajos, asfixiando todavía más la rentabilidad del sector fabril.
