Las autoridades hacen un seguimiento de los ingresos de nacionalidades de riesgo, pero por el momento no detectaron actividades delictivas. Un senador impulsa exigir visa a quienes provengan de Albania y Montenegro.
Ante una advertencia lanzada por la Administración de Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos respecto a la expansión internacional de la mafia albanesa, las autoridades policiales de Uruguay mantienen bajo vigilancia el ingreso de ciudadanos de los Balcanes. La preocupación se enmarca en antecedentes recientes, como la detención en 2023 de dos montenegrinos vinculados al clan Škaljari, quienes participaron en una operación de tráfico de cocaína ingresada desde Argentina. Si bien el Ministerio del Interior ratificó que no se ha comprobado una base permanente de estas organizaciones criminales en el país, el tema generó fuerte repercusión política a raíz de las alertas emitidas por referentes parlamentarios sobre movimientos migratorios inusuales.
El ministro del Interior, Carlos Negro, detalló que los registros oficiales muestran una diferencia leve entre los ingresos y egresos de personas provenientes de esa región europea —con cifras que rondan los 745 ingresos y 730 egresos—, indicando que una gran parte de ellos continúa su trayecto hacia Europa o cuenta con la documentación correspondiente. Sin embargo, la inquietud persiste en el ámbito legislativo: el senador opositor Sebastián Da Silva solicitó explicaciones sobre la llegada de ciudadanos de Albania, Montenegro y Serbia, impulsando la implementación formal de un régimen de visas para restringir y filtrar de manera previa el arribo de nacionalidades consideradas de alto riesgo para el narcotráfico transnacional.
La mafia albanesa, estrechamente conectada con carteles sudamericanos y redes como la ‘Ndrangheta calabresa, se ha consolidado como un actor clave en el envío masivo de cocaína desde puertos clave de la región hacia el mercado europeo. Aunque las últimas grandes incautaciones realizadas en territorio uruguayo no arrojaron indicios directos de la operación de estas células, el avance de la violencia asociada a estas estructuras en países como Ecuador mantiene en máxima alerta a los organismos de seguridad de todo el Cono Sur, obligando a endurecer los mecanismos de control e inteligencia migratoria.
