Los ataques sucedieron cerca de Johannesburgo y Ciudad del Cabo con armamento de guerra, sumando un nuevo golpe de violencia armada a pocos días de otra masacre en Durban.
Sudáfrica se encuentra conmocionada tras una serie de violentos ataques armados perpetrados durante la noche del sábado y la madrugada del domingo, los cuales dejaron un saldo preliminar de al menos 27 personas muertas y 26 heridas. El primer episodio ocurrió cerca de las 21:30 en la localidad de Wedela —al suroeste de Johannesburgo—, donde un grupo de ocho sujetos armados con fusiles AK-47 y pistolas abrió fuego contra clientes de un bar, ingresó al establecimiento para continuar con la balacera y culminó el asalto robando teléfonos celulares antes de huir en dos vehículos.
Cuatro horas más tarde, un segundo ataque similar sacudió a la comunidad de Lwandle, en las inmediaciones de Ciudad del Cabo, donde varios hombres armados irrumpieron en una tienda pasada la 1 de la madrugada y asesinaron a otras 10 personas, hiriendo a 11 más. Estos hechos se suman a otro trágico antecedente registrado apenas cinco días atrás en Durban, donde una masacre en una fiesta clandestina dejó 11 víctimas fatales, evidenciando una escalada preocupante en los índices de criminalidad organizada que golpean con dureza a las comunidades más vulnerables del país africano.
Ante esta alarmante sucesión de masacres, la Policía intensifica las tareas investigativas para dar con los responsables, mientras el gobierno del presidente Cyril Ramaphosa enfrenta crecientes cuestionamientos sobre la eficacia del despliegue militar ordenado meses atrás para combatir a las bandas delictivas. Los expertos advierten que este tipo de ataques armados con múltiples tiradores se han vuelto cada vez más frecuentes, poniendo en jaque la seguridad y el desarrollo institucional de la nación.
