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Pionero en preservar su fisonomía fundacional y su pausado estilo de vida, este rincón del partido de Exaltación de la Cruz invita a una escapada de fin de semana entre pulperías del siglo XIX, gastronomía al disco y un entorno rural de lomadas y eucaliptos. Las opciones para llegar en auto, tren y colectivo.
A escasos 80 kilómetros del bullicio porteño, existe un refugio donde el asfalto cede terreno a las calles de adoquines y los relojes parecen haber quedado detenidos a mediados del siglo XIX. Se trata de Capilla del Señor, cabecera del partido de Exaltación de la Cruz y el primer asentamiento bonaerense en ser distinguido con la Declaratoria de Interés Histórico Nacional. Este destino ha logrado consolidarse como uno de los pueblos más auténticos y magnéticos de la provincia de Buenos Aires gracias a una estricta preservación de su arquitectura colonial y decimonónica, pero fundamentalmente por resguardar la identidad de su vida comunitaria. Ideal para los amantes del turismo de cercanía y las escapadas de fin de semana, el pueblo despliega un abanico de postales rurales que combinan un horizonte de tierras onduladas con añejos montes de eucaliptos, museos vivientes y pulperías que mantienen encendido el fuego de la tradición criolla.
El circuito histórico de Capilla del Señor obliga a los visitantes a realizar una caminata pausada por sus manzanas fundacionales. El gran hito de la arquitectura local es la Posada del Palomar, una mítica construcción que data de 1838 y se alza como una de las estancias hoteleras más antiguas del territorio bonaerense. A pocas calles de distancia, el imponente Templo Parroquial domina la plaza principal con sus líneas neoclásicas, constituyendo el epicentro espiritual e identitario del lugar. Sin embargo, la verdadera joya del viaje en el tiempo se encuentra al trasponer las puertas de la pulpería Los Ombúes: este almacén de ramos generales, cargado de maderas crujientes, botellas de antaño y rejas de hierro, funciona como el punto de encuentro por excelencia donde los paisanos locales comparten charlas y naipes con los turistas.
El entorno natural de Exaltación de la Cruz, caracterizado por su topografía de llanura ondulada, sirve de marco para una propuesta gastronómica que rinde culto a los sabores de campo. La oferta culinaria local destaca por su autenticidad y por evitar los artificios gourmet de otras localidades turísticas. Una parada obligatoria es “La Fusta”, un bodegón icónico bautizado por los lugareños como «el boliche del pueblo», donde los platos abundantes y las minutas se sirven bajo una atmósfera puramente vecinal. Para quienes buscan una experiencia gastronómica con impronta de fogón, el restaurante “Dulcinea” se lleva todas las miradas gracias a su aclamada especialidad de cocciones y carnes al disco de arado, una técnica culinaria bien bonaerense que se disfruta mejor bajo la sombra de las arboledas locales.
Llegar a este oasis histórico desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es sumamente sencillo, existiendo alternativas tanto para el transporte público como para el vehículo particular. En automóvil, el trayecto se realiza de forma directa transitando por la Autopista Panamericana (Ramal Pilar) hasta la altura del kilómetro 69 de la Ruta Nacional Nº 8, para luego tomar el desvío de la Ruta Provincial Nº 39 que conduce directo al casco urbano. En materia ferroviaria, los pasajeros pueden optar por la línea Mitre, realizando un trasbordo estratégico para conectar con el ramal diésel que se dirige a la estación de Capilla del Señor. Por último, para quienes prefieren el servicio de autotransporte de pasajeros, la tradicional línea 57 ofrece frecuencias regulares que parten desde el centro de transbordo de Plaza Italia, en el barrio porteño de Palermo.
