El deterioro en la capacidad de pago de las familias argentinas alcanzó un nuevo pico en mayo. Según un informe de la consultora 1816, más del 27% de quienes solicitaron préstamos perdieron su condición de sujetos de crédito, con un impacto crítico en el segmento joven.
La irregularidad en el sistema financiero argentino profundizó su tendencia negativa en mayo, marcando 19 meses consecutivos de crecimiento. De acuerdo con el último reporte de la consultora 1816, el endurecimiento de las condiciones económicas ha dejado a casi 7 millones de personas fuera del circuito de crédito bancario y extrabancario, configurando un escenario de exclusión financiera sin antecedentes desde la crisis de la Convertibilidad.
El informe revela que la tasa de mora de las familias escaló al 12,7% en mayo, frente al 12,1% registrado en abril. La aceleración del fenómeno es drástica: mientras que en octubre de 2024 la irregularidad apenas alcanzaba el 2,5%, hoy se ha multiplicado por cinco, afectando no solo a hogares sino también, aunque en menor medida, al sector corporativo.
El impacto generacional: los jóvenes, los más afectados
Uno de los datos más alarmantes del relevamiento es la segmentación por edad. El deterioro en la capacidad de pago golpea con mayor severidad a los menores de 35 años:
- 18 a 25 años: La irregularidad alcanza el 42,8%.
- 26 a 35 años: El 39,3% presenta al menos un préstamo en situación irregular.
- Promedio general: Casi 4 de cada 10 jóvenes tienen deudas impagas en entidades financieras o no financieras.
Crédito no bancario: la zona roja
La situación es particularmente crítica en las entidades no financieras (fintechs, casas de crédito, comercios), que concentran cerca del 17% de los préstamos a familias. En este segmento, la tasa de mora alcanzó en mayo el 32,2%, un salto exponencial si se considera que hace un año y medio este indicador era inferior al 10%.
¿El fin del motor del consumo?
Los analistas advierten que, de cara al calendario electoral del próximo año, el crédito a familias difícilmente actúe como un impulsor relevante de la actividad económica, como lo hizo en el periodo 2024-2025. El sector financiero, especialmente los bancos privados, ha restringido la oferta de nuevos préstamos ante el aumento de la morosidad y la mayor cautela en el perfil de riesgo.
No obstante, el reporte introduce una nota de cautela optimista: «El peso del crédito en la economía local es tan pequeño que este freno no impide necesariamente que el PBI continúe creciendo en los próximos 12 meses». El Gobierno, mientras tanto, sigue priorizando la estabilidad cambiaria y la baja volatilidad en las tasas, a la espera de observar si factores estacionales, como el cobro de aguinaldos, permiten moderar el deterioro en los indicadores de junio y julio.
