Con el 76% de los alumnos sin alcanzar el nivel básico en matemática, especialistas advierten sobre fallas estructurales, el impacto de las pantallas y la pérdida de comprensión lectora.
Los resultados de las pruebas PISA 2025 volvieron a colocar a la educación argentina frente a un diagnóstico crítico y alarmante. Los estudiantes de 15 años registraron un retroceso generalizado en Matemática, Lectura y Ciencias respecto de la edición de 2022, obteniendo los puntajes más bajos de la serie histórica comparable desde 2006. El escenario más grave se observa en matemática —área en la que el 76% de los alumnos no alcanzó el nivel mínimo de desempeño—, mientras que en Ciencias el país ocupó el puesto 71 entre 91 sistemas educativos evaluados a nivel global por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con un promedio de 367 puntos en matemática, 389 en lectura y 393 en ciencias.
Para analizar este desplome, especialistas en educación consultados coincidieron en que el deterioro no responde a una única causa, sino a una combinación compleja de problemas estructurales acumulados y transformaciones profundas en los hábitos juveniles. Por un lado, figuran factores históricos y socioeconómicos señalados por expertos como Sandra Ziegler (FLACSO) y Martín Nistal (Observatorio de Argentinos por la Educación): el crecimiento de la pobreza y la desigualdad, la fragmentación del sistema educativo, la falta de metas estables y la discontinuidad de las políticas pedagógicas. Ziegler advirtió sobre “un debilitamiento del tiempo y la intensidad del trabajo escolar sobre aprendizajes fundamentales”, remarcando que la escuela pública no está logrando compensar las diferencias de origen y muchas veces termina reproduciéndolas.
A esta dimensión estructural se suma una crisis en los modos de atención y lectura, impulsada por el impacto de las tecnologías y las pantallas. El especialista español Jorge Galindo (EsadeEcPol) alertó sobre la aparición global de “lectores apresurados”, estudiantes que leen con rapidez pero fallan sistemáticamente en las respuestas porque no logran comprender textos extensos o integrar información compleja. En sintonía, Zorzoli y la doctora en Ciencias de la Educación Carina Cabo señalaron que la secundaria argentina continúa operando con una estructura «atomizada» y obsoleta, donde el aumento de la permanencia en las aulas no se tradujo en aprendizajes significativos. “Tenemos más chicos en la escuela que aprenden cada vez menos”, resumió Gustavo Zorzoli, advirtiendo que los jóvenes llegan al final de la escolaridad sin dominar herramientas tan elementales como la regla de tres simple o la comprensión de consignas básicas.
