El Gobierno debió resignar el capítulo clave del proyecto debido a la resistencia de los gobernadores y el fuerte impacto en la opinión pública, marcado por el fenómeno digital y las críticas de figuras masivas.
La Casa Rosada vivió jornadas de máxima tensión marcadas por reuniones de urgencia, llamadas a distintos puntos del país y profundas discusiones internas. Tras meses de debate, el oficialismo debió admitir la caída del polémico Capítulo III de la Ley de Propiedad Privada, que habilitaba la venta de tierras a ciudadanos y empresas extranjeras. La resistencia de los gobernadores aliados y el peso de una pésima estrategia comunicacional terminaron por derrumbar el proyecto en la Cámara alta.
El punto de quiebre anímico en el gabinete llegó de la mano de las redes sociales. Una publicación de la reconocida cantante Tini Stoessel con la frase «La Patria no se vende» ante millones de seguidores encendió las alarmas en el círculo rojo libertario. Desde la propia mesa política admitieron que el oficialismo perdió la batalla cultural frente a una ola de rechazos que también sumó a figuras como Emilia Mernes y a sectores gremiales y políticos que se movilizaron frente al Congreso.
Pases de factura y tironeos internos
El naufragio legislativo desató una feroz interna entre los principales operadores del Gobierno. Los reproches volaron entre las oficinas: algunos apuntaron contra la falta de cintura en las negociaciones políticas, mientras que otros cuestionaron el hermetismo técnico del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, reacio a ceder en la pureza ideológica de las reformas.
A esto se sumó la postura de mandatarios provinciales como Osvaldo Jaldo, Gustavo Sáenz y Rolando Figueroa, quienes optaron por desmarcarse del oficialismo ante el costo político de la iniciativa. Para La Libertad Avanza, sostener el cordón sanitario de 44 senadores propios y aliados resultó ser una prioridad mucho mayor que arriesgar una ruptura total por un articulado resistido en el interior.
El horizonte electoral y la economía en la mira
El traspié en el Parlamento deja al descubierto los problemas de coordinación que atraviesa la administración central de cara a los desafíos futuros. Con índices de confianza en baja y un panorama social condicionado por el endeudamiento, el oficialismo sabe que no puede permitirse nuevos errores de gestión política.
La gran prueba de fuego seera la discusión por la reforma electoral y la posible eliminación de las PASO, un objetivo central para el armado de cara a 2027. En Balcarce 50 entienden que los acuerdos territoriales con los gobernadores serán inevitables si pretenden blindar la gobernabilidad y asegurar la supervivencia del proyecto político en los próximos años.
