Con apenas 167 habitantes, esta localidad del partido de Saavedra desafía la decadencia que trajo la ausencia del tren mediante el turismo comunitario. Sus vecinos protagonizan una visita guiada teatralizada a cielo abierto donde la historia no se cuenta, se vive.
A los pies de la parte más antigua del sistema serrano de Ventania, Dufaur resiste. Esta pequeña localidad del sur de la provincia de Buenos Aires, ubicada a 51 kilómetros de Pigüé, atravesó el duro destino de tantos pueblos rurales argentinos: el silencio que dejó el último tren al dejar de pasar. Sin embargo, lejos de resignarse a la desaparición, sus 167 pobladores encontraron en la identidad y la memoria colectiva una herramienta de renacimiento. Lejos de las grandes estancias o los monumentos históricos tradicionales, Dufaur apostó por una propuesta singular: convertir sus propias calles en el escenario de una obra teatral donde los actores son, precisamente, quienes habitan el lugar.
La historia de Dufaur es la de una promesa de progreso que se esfumó con los rieles. Inaugurada en 1890, la estación ferroviaria fue durante décadas el corazón pulsante de la zona, un eje estratégico para el desarrollo agrario que llegó a albergar a más de 600 personas. Tras el cierre del ramal, el pueblo inició un proceso de contracción demográfica que parecía irreversible. Fue recién en 2012 cuando un grupo de residentes, conscientes de que carecían de los atractivos turísticos convencionales, decidió cambiar el rumbo: «Si no tenemos edificios históricos imponentes, nuestra historia serán nuestras propias vidas», pensaron.
Así nació la visita guiada teatralizada, una experiencia donde no hay guiones rígidos ni escenarios armados. La obra es la cotidianidad misma. En el recorrido, los visitantes se encuentran con vecinos que interpretan a los personajes que forjaron la identidad del pueblo: desde maestros y alumnos hasta comerciantes y músicos que, de manera espontánea, entrelazan sus relatos para reconstruir el pasado. Cada calle es un acto, cada vecino una voz viva que busca preservar lo que el mapa parecía haber borrado.
Además de esta apuesta creativa, Dufaur capitaliza su entorno natural privilegiado. El pueblo ofrece una inmersión en la tranquilidad rural, con actividades criollas en casas de campo, picadas regionales y una geografía ideal para el turismo activo. El cicloturismo es uno de sus fuertes, con una ruta de 66 kilómetros que atraviesa paisajes serranos y culmina en el imponente Cerro Chaco. Dufaur hoy se presenta no solo como un destino de fin de semana para quienes buscan aire puro y seguridad, sino como un ejemplo de resiliencia comunitaria: un rincón donde la creatividad de unos pocos logró transformar la nostalgia en una razón para que el viajero se detenga a mirar.
