Más que un pasatiempo, trabajar la tierra se consolida como una actividad física completa. Permite quemar hasta 330 calorías por hora, fortalece todos los grupos musculares y mejora la salud mental sin la rigidez de una rutina de gimnasio.
Lograr una vida activa no siempre requiere de pesas, máquinas o correr por el pavimento. Una tendencia creciente está devolviendo a las personas a sus patios: la jardinería como entrenamiento físico integral. Según expertos y aplicaciones de fitness de vanguardia, esta actividad no solo es accesible y de bajo impacto en cuanto a lesiones, sino que ofrece beneficios comparables con el pilates, el yoga o las caminatas intensas. Desde remover la tierra hasta trasladar macetas, el jardín se ha convertido en el escenario perfecto para quienes buscan fortalecer el cuerpo y calmar la mente de forma simultánea.
La jardinería involucra a los principales grupos musculares: brazos, piernas, hombros, espalda y abdomen. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), una persona de 70 kilos puede quemar un promedio de 330 calorías por hora realizando tareas como excavar, podar o desmalezar, una cifra similar a lo que se consume bailando o jugando al golf. «Es un ejercicio serio», afirma Tom Adkinson, un aficionado de 72 años que compara el mantenimiento de sus cultivos de tomates con una sesión de yoga al aire libre debido al constante estiramiento y flexión que requiere.
Además del beneficio físico, el contacto con la tierra es un poderoso aliado de la salud mental. Tan solo dos horas semanales de jardinería pueden mejorar el estado de ánimo y reducir los niveles de estrés. En comunidades y escuelas, la jardinería comunitaria está ayudando incluso a combatir el aislamiento social y prevenir la demencia. Por estas razones, entrenadores personales están empezando a incorporar tareas de paisajismo en las rutinas de sus clientes, adaptándose a un estilo de vida más activo y menos intensivo que el del gimnasio tradicional.
Sin embargo, como cualquier actividad física, requiere precaución. Los especialistas recomiendan realizar un calentamiento previo con estiramientos o una caminata corta para evitar la rigidez. Para quienes deseen «intensificar» el entrenamiento, existen trucos simples: llevar las macetas de a una para aumentar los pasos, usar cortadoras de césped manuales para elevar el ritmo cardíaco o utilizar regaderas pesadas como si fueran mancuernas para un entrenamiento de fuerza funcional.
El éxito de esta tendencia radica en la recompensa tangible. A diferencia de las repeticiones en una cinta de correr, el esfuerzo en el jardín culmina con flores frescas o alimentos cultivados en casa. Como bien resume Adkinson: «No hay nada mejor que un tomate de tu propia huerta; eso supera cualquier sesión de gimnasio».
