Un grupo de manifestantes irrumpió en la sede municipal de Limoges y provocó un voraz incendio que derrumbó la cúpula y dos tercios de la estructura. Emmanuel Macron advirtió que los responsables serán perseguidos.
Las protestas contra el incremento en el costo de vida y el alza de los combustibles en Francia derivaron en una escalada de violencia tras el incendio y colapso parcial del ayuntamiento de Limoges, un edificio histórico con 143 años de antigüedad. De acuerdo con testimonios y reportes oficiales, un grupo de manifestantes encapuchados atacó inicialmente un vehículo policial frente a la sede municipal, rompió los accesos del inmueble e ingresó por la fuerza para iniciar el fuego que devoró la cúpula y gran parte de la estructura superior ante la mirada de cientos de vecinos.
El prefecto local, Maurice Barate, confirmó que el edificio quedó prácticamente destruido a excepción de una de sus alas, señalando que la afectación alcanza a cerca de dos tercios de la construcción exterior. El hecho se enmarcó en una masiva jornada de movilización nacional que concentró a unas 200.000 personas en diversos puntos del país —entre ellos el movimiento de chalecos amarillos, trabajadores agrícolas, estudiantes y sectores gremiales—, registrándose también fuertes choques con las fuerzas de seguridad, uso de gases lacrimógenos y detenciones en ciudades como París, Rennes, Marsella y Lyon.
Frente a la gravedad de los incidentes, el presidente Emmanuel Macron repudió de manera categórica la destrucción del patrimonio público y sostuvo que la violencia no tiene lugar en la República. A través de sus canales oficiales, el mandatario garantizó que las autoridades perseguirán y castigarán judicialmente a los responsables de los saques e incendios, en un contexto socioeconómico complejo y a pocos meses de iniciar el trayecto hacia los comicios presidenciales de 2027.
