El dirigente del PRO cuestionó la falta de medidas para el comercio, la industria y la construcción, a la vez que descartó una fusión electoral con el oficialismo de cara al futuro.
A pocas semanas de confirmar su precandidatura presidencial dentro del PRO, el exministro de Economía Hernán Lacunza cuestionó con dureza las políticas económicas y fiscales implementadas por la gestión de Javier Milei. Durante una reciente intervención pública, el economista apuntó contra las prioridades del Gobierno al señalar una contradicción en el tratamiento de los contribuyentes: «Dicen que no hay que salvar a los morosos porque si no se van a volver a endeudar. Y sí salvamos a los evasores, con la inocencia fiscal. Hay una doble vara, porque estamos castigando a los cumplidores en términos relativos».
Al trazar su hoja de ruta política, Lacunza ratificó su intención de consolidar una propuesta partidaria amplia que logre convocar a distintos sectores, descartando de plano la posibilidad de concretar una alianza electoral con La Libertad Avanza. A su entender, una fusión de partidos perjudica al ciudadano al reprimir la competencia política, y aclaró que los exfuncionarios macristas que integran la actual administración lo hacen a título personal y no en representación del espacio. En esa línea, remarcó que la Argentina que vendrá a partir de 2027 exigirá un enfoque basado en el diálogo, los acuerdos de gobernabilidad a largo plazo y una agenda de centro, tomando como referencia la estabilidad institucional de vecinos como Chile o Uruguay.
En el plano estrictamente macroeconómico, el exministro reconoció que el programa oficial logró encauzar a la baja la inflación —pasando de registros asfixiantes a una proyección anual cercana al 30%—, pero advirtió que ese indicador positivo contrasta de forma directa con la realidad social. Según su diagnóstico, el plan económico actual funciona con un solo motor impulsado por la energía, la minería y el agro, mientras que sectores clave para la generación de empleo masivo como la construcción, el comercio y la industria continúan paralizados. Esto genera que el ingreso disponible de las familias sea menor y que el malestar comience a evidenciarse, motivando un flujo constante de medidas oficiales de asistencia ante una economía que, en su definición, todavía «tiene la máquina apagada».
