Tras sobrevivir a la partida del ferrocarril, al cierre de su principal industria láctea y a inundaciones devastadoras, esta localidad del partido de 9 de Julio se reinventó. Hoy, sus calles de tierra y lagunas naturales atraen a quienes buscan paz a 300 kilómetros del AMBA.
La historia de La Niña es un testimonio de resiliencia bonaerense. Fundado hace 113 años, este enclave agrícola pasó de ser un centro logístico vibrante con casi 2.000 habitantes a quedar prácticamente aislado tras la crisis de los años 60 y las inundaciones que marcaron el inicio del siglo XXI. Sin embargo, lo que parecía ser su final se convirtió en su oportunidad: hoy, el silencio de sus calles y la belleza de sus lagunas lo han convertido en un Pueblo Turístico de referencia.
El origen del nombre es, cuanto menos, curioso. Aunque fue fundado oficialmente como «La Aurora» en 1912, la estación ferroviaria bautizada en honor a una de las carabelas de Cristóbal Colón terminó imponiendo su identidad sobre el trazado urbano. Durante décadas, el pueblo vivió una época dorada impulsada por el tren y, fundamentalmente, por la histórica empresa láctea Mendizábal —cuna de productos icónicos como el Mendicrim y el postre Shimy—, que llegó a emplear a gran parte de la población local.
De la crisis a la reinvención
El éxodo rural provocado por la clausura del ramal ferroviario y la posterior pérdida de la fábrica láctea sumieron a La Niña en un letargo profundo. No obstante, la naturaleza obró a favor de los habitantes que decidieron quedarse:
- Turismo de pesca: Las inundaciones dieron origen a lagunas como La Yesca, un punto de atracción para la pesca deportiva de pejerrey.
- Estética rural: La ausencia de asfalto y la conservación de sus fachadas antiguas ofrecen una experiencia de «tiempo detenido», muy valorada por el turista que busca desconexión.
- Tradición viva: El emblemático almacén de ramos generales sigue siendo el corazón social, funcionando simultáneamente como oficina de correo y punto de reunión para vecinos y visitantes.
Un destino con historia por explorar
Hoy, La Niña alberga a menos de 500 habitantes que custodian celosamente su legado. Entre sus atractivos se destaca la capilla local, que aún convoca a la comunidad cada domingo, y el proyecto en marcha para convertir la antigua estación de tren en un museo histórico. Es, en esencia, un sitio donde el pasado no es una reliquia, sino el motor de una nueva economía basada en la tranquilidad y el paisaje rural.
