A pocos días de los comicios en Brasil, el autor de libros de autoayuda capitaliza el hartazgo del electorado, aunque los analistas divergen sobre si le alcanzará el tiempo para alcanzar la segunda vuelta.
A tres semanas de las elecciones presidenciales en Brasil, el popular psiquiatra y escritor Augusto Cury, de 67 años, se transformó en la sorpresa de la recta final de la campaña al ubicarse en el tercer puesto con el 10% de la intención de voto en la última encuesta de Quaest.
Postulado por el partido Avante, Cury irrumpió en el escenario político gracias a su perfil moderado y dialoguista durante un debate televisivo al que no asistieron el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (quien lidera con el 37%) ni su principal rival de derecha, Flávio Bolsonaro (30%).
Aunque los comicios apuntan indudablemente a un balotaje —dado que se requiere el 50% más uno de los votos para ganar en primera vuelta—, los analistas dividen aguas sobre las chances reales del psiquiatra. Mientras algunos expertos consideran que su falta de rechazo previo podría potenciarlo en una segunda vuelta, otros advierten que ha perdido impulso frente a la irrupción de escándalos de corrupción recientes en la agenda pública.
Con un discurso enfocado en la educación emocional, el apoyo a emprendedores y el lema «Brasil solo quiere ser feliz», Cury experimentó un crecimiento exponencial en redes sociales, posicionándose como una alternativa de centro frente a la histórica polarización del país.
