Matías Ezequiel Daller, acusado de disparar contra Agustín Rivero, fue capturado en La Plata. Los investigadores le tendieron una trampa simulando una compra a través de redes sociales. Con su detención, ya son tres los implicados tras las rejas.
La búsqueda del principal sospechoso por el asesinato de Agustín Rivero, el joven de 21 años ejecutado cuando regresaba de la facultad en el barrio San José, llegó a su fin. En un operativo encuadrado en una trama de traiciones y descuidos digitales, la Policía Bonaerense detuvo en Villa Elvira, La Plata, a Matías Ezequiel Daller (28). El prófugo, que había logrado evadir los rastreos de su tarjeta SUBE y su teléfono personal, cometió el error de intentar comercializar el celular sustraído a la víctima a través de Facebook Marketplace, lo que permitió a los efectivos pactar una «entrega controlada» y concretar la captura.
El crimen, que conmocionó al sur del Gran Buenos Aires el pasado 24 de abril, ocurrió cuando Rivero fue interceptado por delincuentes que bajaron de un VW Voyage robado. Tras un breve forcejeo para quitarle sus pertenencias, uno de los asaltantes le efectuó un disparo mortal en el abdomen. Según la reconstrucción judicial, el autor de ese disparo habría sido Daller, quien luego de una confesión a una de sus exparejas, inició un periplo para ocultarse en la capital bonaerense.
Para dar con su paradero, la DDI de Lomas de Zamora realizó un minucioso seguimiento de billeteras virtuales y perfiles de redes sociales. El sospechoso utilizaba cuentas de terceros para recibir dinero y se movía con cautela, pero la publicación del teléfono robado por parte de otra de sus parejas fue el hilo que permitió desbaratar su escondite. Al momento de la detención, los agentes confirmaron que se trataba del buscado, quien ya no contaba con el apoyo de sus cómplices, los hermanos Lautaro y Miguel Ángel Silva, capturados apenas 24 horas después del homicidio.
La investigación, a cargo de la UFI 7 de Lomas de Zamora, cuenta ahora con los tres responsables identificados y bajo custodia. Además de los testimonios de su círculo íntimo que lo complican seriamente, existen pruebas de ADN y rastros genéticos hallados en los vehículos utilizados para el raid delictivo —el Voyage y una Kangoo robada previamente— que sitúan a Daller en la escena del crimen.
Con la detención de Daller, la familia de Agustín Rivero espera el inicio del proceso judicial bajo la carátula de «homicidio criminis causa», un delito que prevé la pena de prisión perpetua. El caso deja al descubierto una vez más la violencia con la que operan las bandas de «robacelulares» en el conurbano y cómo, en esta ocasión, la huella digital del botín terminó siendo la clave para que el crimen no quedara impune.
