Villa Ruiz se consolida como un destino perfecto para cortar la rutina: gastronomía de campo con menú libre, historia ferroviaria y un entorno rural que enamora a los visitantes.
A poco más de una hora y media de la Ciudad de Buenos Aires, la localidad de Villa Ruiz —perteneciente al partido de San Andrés de Giles— se convirtió en el secreto mejor guardado de quienes buscan una escapada de fin de semana sin alejarse demasiado de la jungla de cemento. Nacido al calor del ferrocarril, este pequeño pueblo conserva intacta su identidad: construcciones bajas, un ritmo pausado y calles de tierra donde el tiempo parece detenerse.
El gran atractivo que moviliza a cientos de visitantes hacia este rincón rural es su potente propuesta gastronómica de campo. Los bodegones y restaurantes locales ofrecen un menú libre abundante que rinde culto a las tradiciones culinarias de la abuela.
Sabores caseros y paseos con historia
El banquete suele arrancar con picadas artesanales de fiambres y quesos de picada brava, seguidas por empanadas fritas o al horno. El plato fuerte llega con pastas caseras, guisos suculentos y cortes de carne tradicionales —como asado, vacío, pollo y chorizo— cocinados lentamente a las brasas o en horno de barro. El broche de oro lo ponen los postres caseros, entre los que sobresalen el flan mixto, el budín de pan y los clásicos pastelitos criollos.
Para bajar semejante almuerzo, el pueblo invita a realizar caminatas sin rumbo fijo por sus pintorescos rincones, siendo la antigua estación de tren el punto neurálgico para las fotos del recuerdo. Entre mates al aire libre bajo la sombra de los árboles y un entorno verde absoluto, Villa Ruiz se posiciona como el plan definitivo para desconectar del ruido y recargar energías. Se llega fácilmente desde CABA tomando la Ruta Nacional 7 y desviándose por los caminos rurales señalizados.
