Catalina Giraldo, quien padecía depresión, ansiedad y trastorno límite de la personalidad, accedió a la muerte digna tras una extensa batalla judicial y médica en Colombia. En sus últimas palabras, expresó el alivio de poder terminar con un sufrimiento que, según afirmó, se había vuelto insostenible.
Catalina Giraldo, la joven psicóloga colombiana cuya lucha por acceder a una muerte digna se convirtió en un caso emblemático en la región, falleció mediante el procedimiento de eutanasia tras enfrentar un cuadro crónico de salud mental. Horas antes de su partida, dejó un mensaje de paz y una advertencia para las autoridades judiciales: su lucha no terminaba con ella, sino que abría una puerta para quienes padecen sufrimientos psiquiátricos extremos sin encontrar respuestas en el sistema de salud.
«Hace muchos años no sentía esta tranquilidad. Quita un peso inmenso saber que tu sufrimiento no va a prolongarse indefinidamente», fueron las palabras de Giraldo poco antes de concluir el proceso. A lo largo de casi una década, Catalina recorrió un camino de tratamientos fallidos: más de 40 intervenciones farmacológicas, terapias electroconvulsivas, tratamientos con ketamina y nueve internaciones psiquiátricas debido a intentos de suicidio.
Un sistema judicial en tensión
El camino hacia la muerte digna no fue sencillo. Giraldo solicitó originalmente la Asistencia Médica al Suicidio —práctica despenalizada en Colombia desde 2022—, pero la falta de reglamentación específica por parte del Ministerio de Salud le impidió acceder a esa vía. Ante la negativa, optó por la eutanasia, un procedimiento con protocolos establecidos en el sistema colombiano, aunque también debió enfrentar las reiteradas negativas de su Entidad Promotora de Salud (EPS).
Su caso puso en evidencia un vacío legal crítico: la ley colombiana permite la muerte digna, pero la aplicación en pacientes con enfermedades mentales sigue siendo un terreno de disputa judicial y administrativa. «Esta lucha no termina conmigo», sentenció Catalina en su mensaje final para la Corte Constitucional, instando a que el sistema deje de ignorar el dolor persistente de quienes sufren trastornos psiquiátricos graves.
Repercusión y debate público
La muerte de Giraldo reavivó un debate necesario en América Latina sobre el alcance real del derecho a morir dignamente. Mientras el número de personas que acceden a la eutanasia en Colombia crece anualmente, las organizaciones como DescLAB, que acompañaron el caso, advierten que la falta de protocolos claros sigue condenando a los pacientes a una negligencia institucional constante.
Catalina Giraldo no solo buscó alivio para su propio dolor, sino que transformó su proceso en un testimonio de visibilización. Su legado, ahora, reposa en manos de las instituciones encargadas de definir si el derecho a una muerte digna puede, efectivamente, proteger también a quienes atraviesan un sufrimiento psíquico que ninguna terapia pudo, hasta hoy, mitigar.
