Colombia llega al balotaje de este domingo con una polarización que los analistas prefieren matizar. El senador progresista y el abogado «outsider» proponen dos visiones antagónicas de Estado, seguridad y economía que reflejan las fracturas territoriales e históricas de una nación en constante mutación.
La elección presidencial colombiana se presenta, en la superficie, como un duelo de extremos: el senador Iván Cepeda, sucesor del legado progresista de Gustavo Petro, frente al abogado conservador Abelardo de la Espriella, quien enarbola las banderas de las nuevas derechas globales. Sin embargo, detrás de la «grieta» que marcan las encuestas —con una ventaja inicial de De la Espriella (43,7%) sobre Cepeda (40,9%)—, se esconde una realidad mucho más compleja: una ciudadanía volátil que, más allá de las etiquetas ideológicas, busca respuestas a demandas que trascienden la vieja dicotomía de izquierda y derecha.
La geografía electoral colombiana ofrece las primeras pistas de esta división. Históricamente, el país se parte en dos: las regiones periféricas, marcadas por la pobreza y la violencia, tienden a respaldar la agenda inclusiva y el rol estatal que propone Cepeda. Por el contrario, el centro andino, con su sistema agroindustrial y mayor peso de sectores medios y altos, se inclina hacia el discurso de orden, reducción del tamaño del Estado y mano dura de De la Espriella, una propuesta con ecos del trumpismo y el modelo de Bukele.
No obstante, los expertos consultados por BBC Mundo advierten contra la lectura simplista de un país dividido por la mitad. Según el politólogo Yann Basset, las diferencias territoriales son profundas pero no necesariamente reflejan convicciones ideológicas inamovibles. El historiador Felipe Arias Escobar añade que el estallido social de 2021 reconfiguró el mapa político: «Hay un grupo con demandas identitarias que chocan hoy con movimientos de reacción», explica. Esta dinámica ha desplazado las lealtades tradicionales de los antiguos partidos Liberal y Conservador hacia nuevas opciones que prometen canalizar el descontento.
El gran interrogante de cara a este domingo es qué pesa más: la intensidad de las bases ideológicas o el pragmatismo del electorado moderado. Si bien el mensaje de «orden, familia y autoridad» de De la Espriella ha logrado penetrar con eficacia, y la base petrista se ha cohesionado en torno a Cepeda, existe un bloque silencioso que rehúye de la confrontación radical.
«La polarización es una lectura sobreanalizada de la élite», sostiene Juan Fernando Giraldo, experto en opinión pública. Para muchos colombianos, la discusión no es sobre estatismo versus libertad, sino sobre preocupaciones cotidianas en un entorno que cambia constantemente. La elección final, por tanto, no se decidirá solo por la adhesión a un líder, sino por la capacidad de cada proyecto de interpretar a un electorado diverso, volátil y, sobre todo, profundamente escéptico de los relatos rígidos.
