Las evaluaciones PISA y Aprender reflejan un deterioro sostenido donde la gran mayoría de los estudiantes no alcanza los niveles satisfactorios, afectando el desarrollo y profundizando la desigualdad social.
La enseñanza y el aprendizaje de Matemática en Argentina atraviesan un estado crítico de emergencia, según lo reflejan los resultados de la última prueba PISA —donde más del 75% de los adolescentes de 15 años no alcanzan las competencias mínimas— y la evaluación nacional Aprender, que indicó que el 86% de los estudiantes secundarios no llega al nivel satisfactorio. Esta tendencia de deterioro sostenido a lo largo de los años no representa únicamente una calificación baja, sino que limita profundamente el pensamiento lógico y la inserción laboral de los jóvenes en un mercado de trabajo cada vez más atravesado por la tecnología y el análisis de datos.
Ante este panorama catalogado por organismos internacionales como una de las mayores crisis educativas, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial señalan que la falta de aprendizajes golpea con mayor dureza a los sectores vulnerables, reproduciendo la desigualdad social. Para revertir esta situación, la evidencia científica y pedagógica sugiere implementar medidas desde el nivel inicial fomentando el sentido numérico temprano, priorizar los métodos de instrucción explícita y sistemática por sobre el descubrimiento puro, y tomar como referencia casos de éxito regional como el del municipio brasileño de Sobral.
Si bien Argentina dio un paso inicial con la aprobación del Compromiso Federal por la Matemática en el Consejo Federal de Educación, la magnitud de la problemática exige una política de Estado urgente y sostenida en el tiempo. La experiencia internacional demuestra que el factor decisivo para superar la pobreza de aprendizaje no es el punto de partida socioeconómico, sino la aplicación de metodologías probadas, metas claras y un acompañamiento pedagógico riguroso desde la escuela primaria hasta el egreso secundario.
