Ubicado en el partido de Mercedes, a solo 100 kilómetros de Buenos Aires, este oasis rural combina la mejor gastronomía criolla bajo la modalidad libre con la flamante renovación de su histórica estación ferroviaria. Una guía imperdible con ferias artesanales, cabalgatas y el famoso salame quintero para cortar la rutina del fin de semana.
El mini turismo de cercanía y las escapadas de fin de semana consolidan su auge en la provincia de Buenos Aires, impulsados por viajeros que buscan desconectar de la rutina urbana sin alejarse demasiadas horas de la Capital Federal. En este escenario, Tomás Jofré —un pintoresco paraje rural perteneciente al partido de Mercedes y ubicado a escasos 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires— emerge como uno de los polos gastronómicos e históricos más atractivos de la región. Con una fisonomía que fusiona la serenidad de la pampa húmeda con una infraestructura receptiva en constante crecimiento, la localidad atesora una particularidad fundacional: su nombre oficial es Jorge Born, mientras que la denominación popular de «Tomás Jofré» responde a su emblemática estación ferroviaria. Este andén cobró un nuevo e histórico impulso turísticos con la reactivación del trayecto Mercedes-Tomás Jofré, un servicio regular que opera los días domingos y conecta ambos destinos en un viaje cargado de nostalgia y mística criolla.
El corazón identitario de Tomás Jofré late en sus cocinas y fogones. El pueblo se configuró formalmente como un santuario culinario estructurado alrededor de una veintena de pulperías, casonas históricas y restaurantes de campo que disponen de amplios parques arbolados y galerías al aire libre. La inmensa mayoría de estos establecimientos basa su propuesta comercial en el formato de «tenedor libre» de campo, una experiencia por pasos que inicia de forma obligatoria con empanadas de carne fritas cortadas a cuchillo y tablas de fiambres regionales donde el protagonismo absoluto se lo lleva el célebre salame quintero de Mercedes, custodiado por quesos de campo y pan casero horneado a la leña. El banquete prosigue con cortes de asado, costillares y achuras premium cocinados a la estaca, alternados con fuentes de pastas caseras amasadas a mano. Para coronar la jornada, los menúes tradicionales suelen incluir postres clásicos como el flan con dulce de leche o el vigilante, además de proveer agua caliente y tortas fritas para garantizar una merienda folclórica a la hora del mate.
Más allá del despliegue gastronómico, el pueblo invita a un circuito peatonal pausado y contemplativo. El punto de encuentro comunitario se localiza en la plaza principal del pueblo, un espacio verde enmarcado por viejos almacenes de ramos generales y anticuarios que preservan intacta la arquitectura de principios del siglo pasado. Durante los sábados, domingos y feriados, la plaza se convierte en el epicentro de la Feria de Artesanías y Productos Locales. Allí, pequeños productores mercedinos comercializan de forma directa y sin intermediarios desde artesanías en cuero, platería criolla y piezas de colección caladas en madera, hasta exquisiteces de elaboración artesanal como frascos de miel pura, quesos saborizados, conservas en escabeche y licores nativos.
Para aquellos turistas que deciden extender la vivencia y transformar la escapada de un día en una estadía de fin de semana completo, Tomás Jofré diversificó su oferta con opciones de alojamiento asociadas al turismo de estancias y la hotelería boutique de campo. Las jornadas de descanso e inmersión en la naturaleza se complementan con un abanico de actividades recreativas tradicionales que incluyen paseos guiados en carruajes antiguos, jornadas de avistaje de aves y tranquilas cabalgatas organizadas por los senderos y callejones de tierra periféricos. Estas experiencias ecuestres, supervisadas por baqueanos locales, permiten a los visitantes conectar de manera directa con los horizontes campestres, consolidando a este rincón del partido de Mercedes como el destino predilecto para recargar energías antes de retornar a la vorágine de la gran ciudad.
