El despliegue mediático de los Estados Unidos y la llegada de vuelos directos contrastan con las heladeras vacías y la persecución que sufren los ciudadanos.
El escenario político en Venezuela detonó un fuerte debate global tras la captura militar de Nicolás Maduro y la asunción de la presidenta encargada Delcy Rodríguez. El intento de la administración de Donald Trump por mostrar una nación pacificada y abierta a las inversiones extranjeras choca de frente con la realidad de los sectores populares, donde las raciones de comida escasean y el aparato de inteligencia estatal continúa activo en las esquinas de la capital.
La reanudación de los vuelos comerciales con la ciudad de Miami y la firma de una ley de amnistía obligada por la presión de la Casa Blanca intentan lavar la imagen de la gestión actual. Sin embargo, los dirigentes de la oposición denunciaron que las cúpulas de las fuerzas armadas permanecen intactas y que los agentes encubiertos siguen persiguiendo a los disidentes liberados de la prisión de El Helicoide.
El ingreso mínimo de los trabajadores no llega a cubrir una tercera parte de la canasta básica de alimentos, una situación extrema que mantiene el flujo migratorio hacia el exterior y desnuda el colapso de los servicios de luz y agua. Las manifestaciones del primero de mayo expusieron la profunda fractura social entre los militantes que exigen la liberación del dictador detenido en Nueva York y los ciudadanos que reclaman elecciones libres de manera urgente.
La puesta en escena de la flexibilización civil convive con los campamentos de madres que exigen la aparición de los presos políticos frente a las cárceles militares del interior del país. El control estratégico de las refinerías de petróleo y de las empresas energéticas sigue en manos de comisarios políticos sin formación técnica, lo que anula cualquier posibilidad de una reactivación productiva real a corto plazo.
La tutela de Washington sobre el nuevo esquema de poder genera desconfianza y deja planteado el interrogante de si el cambio de nombres será suficiente para desmantelar una estructura de opresión de más de dos décadas.
