Tras un duro revés en Wall Street y el salto del Brent, un informe advierte sobre una brecha de financiamiento de USD 17.000 millones y pone en duda las colocaciones de deuda previstas por el Palacio de Hacienda.
El escenario financiero internacional atraviesa jornadas de extrema volatilidad que impactan directamente sobre las previsiones económicas del Gobierno nacional de cara al año 2027. Durante la última rueda en Wall Street, las acciones tecnológicas sufrieron fuertes caídas —con un retroceso del 2,6% en el índice Nasdaq— impulsadas por temores en torno al sector de inteligencia artificial, lo que provocó una huida masiva hacia los bonos del Tesoro norteamericano. En paralelo, el precio internacional del petróleo continuó su escalada alcista y el barril Brent rozó los USD 113, encendiendo alertas globales por un rebrote inflacionario que ya obligó a la Reserva Federal a endurecer su política de tasas.
Esta tensión externa reconfiguró las variables locales: si bien la mayor demanda de títulos estadounidenses redujo sus rendimientos, el reacomodamiento disparó el riesgo país argentino por encima de los 700 puntos básicos. Este viento de frente financiero complica los planes del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, respecto al programa financiero previsto para el próximo período preelectoral. Ante el encarecimiento del crédito y la imposibilidad de colocar deuda en el mercado local durante los últimos dos meses, la emisión de instrumentos como el AO29 y las fuentes de financiamiento alternativas comienzan a mostrar interrogantes insoslayables.
En este sentido, un relevamiento elaborado por la consultora LCG advirtió que, al margen de los ingresos contemplados, subsiste una brecha de USD 17.000 millones por encima de los vencimientos totales estimados en USD 25.000 millones para el año entrante. El informe pone en duda recursos clave como la compra de divisas al Banco Central, los fondos por privatizaciones y los remanentes de caja, dejando al Tesoro con margenes estrechos y con la alternativa de evaluar herramientas extraordinarias —como el uso del swap con China— en caso de que persistan las restricciones para conseguir financiamiento a tasas razonables.
