El salario pretendido promedio en el país alcanzó los US$ 1292 mensuales al tipo de cambio oficial, liderando el ranking regional de la plataforma Bumeran por encima de Chile y Panamá. Sin embargo, pese al fuerte salto medido en moneda extranjera en los últimos seis años, los ingresos requeridos registraron una caída interanual cercana al 8% y siguen perdiendo poder adquisitivo real.
Los profesionales y técnicos argentinos que se encuentran en la búsqueda activa de empleo lideran las pretensiones salariales en América Latina, aunque la aparente ventaja nominal esconde el severo impacto de la inflación local sobre el poder de compra real. De acuerdo con el último Reporte del Mercado Laboral elaborado por la plataforma regional Bumeran (Jobint), el salario requerido promedio en la Argentina se ubicó en US$ 1292 mensuales al tipo de cambio oficial (y US$ 1252 medidos al dólar MEP), superando los registros de mercados históricamente más estables como Chile, Panamá, Perú y Ecuador. El fenómeno responde a una fuerte apreciación nominal en dólares oficiales (una suba del 53,08% en los últimos seis años y de casi el 140% al MEP), que ubica al país como el único de la región con mejoras cambiarias en lo que va del año. Sin embargo, las autoridades de la firma de reclutamiento advierten que este salto responde a una dinámica de indexación defensiva por el costo de vida interno, ya que en la comparación interanual real los salarios pretendidos muestran un retroceso y siguen lejos de consolidar una recuperación económica genuina.
El informe detalla que la brecha salarial con los países vecinos se consolidó con fuerza entre mayo de 2020 y abril de 2026. Durante ese período, mientras que los postulantes locales registraron subas exponenciales en dólares, Chile mostró una mejora acumulada de apenas 17,43%, Perú un 15,9%, Ecuador se mantuvo estancado con el 0,57% y Panamá experimentó una caída del 3,07%. Al cierre del primer cuatrimestre, el ranking de remuneraciones pretendidas posicionó a la Argentina a la cabeza con sus US$ 1292, seguida por Chile con US$ 1210, Panamá con US$ 992, Perú con US$ 987 y Ecuador en la base con un promedio de US$ 811 mensuales. A pesar de este posicionamiento, el director ejecutivo de Bumeran, Federico Barni, remarcó que el impacto inflacionario local neutraliza la ganancia cambiaria, arrastrando a los ingresos pretendidos a una caída real del 7,95% interanual si se mide a la cotización oficial del Banco Nación.
Al analizar las distintas ramas de actividad, el sector de Administración y Finanzas se consolidó como el más cotizado por los aspirantes argentinos en todas las escalas de experiencia. Para las posiciones iniciales o junior, la remuneración pretendida promedió los US$ 1049 mensuales, mientras que en los segmentos senior y semisenior escaló hasta los US$ 1408. La distancia con la región se ensancha significativamente en las categorías de jefatura y supervisión, donde los postulantes locales demandan una media de US$ 2016 por mes, superando con holgura los registros de los demás mercados analizados.
Por el contrario, el sector de Tecnología y Sistemas (IT) mostró un escenario de competitividad diferente donde la Argentina debió ceder el liderazgo. Aunque los desarrolladores y técnicos locales exigieron promedios competitivos de US$ 968 para puestos junior, US$ 1400 para mandos medios y US$ 1936 para jefaturas, el mercado chileno se impuso como el más costoso de la región en este rubro, con pretensiones que alcanzan los US$ 1140, US$ 1717 y US$ 2126 respectivamente. En el área de Producción y Logística, la paridad entre Argentina y Chile fue casi absoluta en los cargos jerárquicos, mientras que Ecuador se ratificó como la plaza más accesible con un requerimiento base de US$ 570 para posiciones iniciales. Finalmente, el dossier de Jobint alertó sobre la persistencia de la brecha salarial de género: la Argentina acumula una diferencia histórica promedio del 13,4% entre las exigencias de hombres y mujeres, ubicándose como la segunda más alta del continente, apenas una décima por debajo de Chile (13,53%) y duplicando las asimetrías vigentes en Ecuador y Panamá.
