Un informe revela que casi 3.000 asentamientos se inundan incluso con precipitaciones habituales, en un contexto marcado por la falta de obras de infraestructura y servicios básicos.
Las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño profundizan la extrema vulnerabilidad que atraviesa a los asentamientos del país: de 6.467 barrios populares, unos 4.000 están expuestos al riesgo hídrico debido a su cercanía a ríos y arroyos, la precariedad habitacional y la falta de servicios formales. Referentes del sector advierten que la situación es dramática y que cerca de 3.000 de esos barrios se inundan incluso ante precipitaciones de frecuencia habitual.
El déficit de infraestructura es generalizado y agrava el impacto de cada temporal. De acuerdo con los relevamientos, el 98% de estos barrios no cuenta con acceso formal a cloacas y el 96% carece de agua potable, mientras que las redes pluviales son casi inexistentes. A esta falta de servicios básicos se le suman cerca de 700 obras públicas que permanecen paralizadas, impidiendo resolver problemas estructurales fundamentales para la seguridad de las familias.
Frente a este escenario, la prevención y la organización comunitaria cumplen un rol clave para anticipar evacuaciones y evitar accidentes con conexiones eléctricas precarias. Sin embargo, los especialistas recalcan que estas medidas de emergencia no reemplazan las intervenciones estructurales necesarias, ya que las relocalizaciones alcanzan a menos del 10% de los barrios y la gran mayoría de las familias continúa expuesta a las crecidas.
