En el marco de un encuentro de gerontología en Rosario, expertos y referentes señalaron que la falta de políticas especializadas, sumada a trabas en créditos y coberturas médicas, profundiza la exclusión de la tercera edad.
El paulatino envejecimiento poblacional en la Argentina ha abierto un desafío estructural que, hasta el momento, no encuentra respuestas adecuadas ni en las normativas ni en el diseño institucional. Durante la jornada federal “Viejos aquí presentes”, llevada a cabo en un hotel céntrico de Rosario, referentes del sector y especialistas exigieron mayor representación y participación activa en los espacios donde se definen las políticas que impactan directamente en su vida cotidiana.
El doctor José A. Trop, presidente de la Sociedad de Gerontología y Geriatría de Rosario, enfatizó que la problemática dejó de ser marginal debido a un cambio demográfico irreversible: en la Argentina, casi el 17% de la población tiene 60 años o más, con una expectativa de vida que ronda los 75 años en varones y los 78 en mujeres, en un contexto de sostenida caída de la natalidad.
La invisibilidad institucional y el edadismo como relación de poder
Para el especialista, la falta de preparación social e institucional se refleja con claridad en el sistema judicial. Tras su paso por los tribunales santafesinos, Trop cuestionó la escasez de registros sobre violencia contra personas mayores, atribuyéndolo a una barrera cultural e interfamiliar donde los abusos económicos o el aislamiento suelen naturalizarse. A diferencia de otras áreas que cuentan con fueros especializados, las necesidades de la tercera edad carecen de dependencias judiciales específicas.
Al ser consultado sobre las raíces de esta discriminación, el gerontólogo fue categórico: “Es una cuestión de poder, es una cuestión cultural”. En esa línea, advirtió que cuando se instala la premisa de que una persona mayor representa meramente un gasto, se habilitan prácticas de desposesión, confinamiento y tratos degradantes, además de reproducir prejuicios a través de diminutivos y apelativos paternalistas en el trato cotidiano.
Restricciones financieras y barreras cotidianas
El edadismo no solo se manifiesta en el plano simbólico, sino también en el mercado formal. El informe y las demandas planteadas en el encuentro expusieron múltiples trabas que penalizan económicamente el envejecimiento:
- Sistema financiero y seguros: Clientes bancarios históricos quedan excluidos de créditos hipotecarios al superar los 65 años, mientras que quienes contratan seguros de viaje al exterior deben abonar tarifas sensiblemente mayores por el simple factor etario.
- Falta de interlocutores: Persiste una marcada ausencia de federaciones, consejos u organizaciones con capacidad de interlocución sostenida frente al Estado.
- Cargos políticos sin especialización: Se cuestionó que las conducciones de áreas clave —tanto a nivel nacional, provincial como en organismos de seguridad social— recaigan habitualmente en trayectorias partidarias antes que en perfiles con formación gerontológica.
Jubilación, recreación y la deuda del voluntariado
El debate también puso el foco en la preparación para la etapa pasiva. Muchos ciudadanos llegan a la jubilación sin una planificación económica ni herramientas para organizar su tiempo en un escenario donde los haberes suelen resultar insuficientes. Asimismo, se alertó sobre la brecha de género en el uso del tiempo libre —con mayores dificultades de integración social por parte de los varones— y la pérdida de espacios comunitarios tradicionales, como los salones de baile o las canchas de bochas.
Por último, Trop lamentó el olvido institucional hacia el voluntariado de personas mayores, una tarea comunitaria que no cuenta con facilidades básicas de traslado ni con presupuestos de coordinación estatal, cerrando el círculo de una sociedad que, según los especialistas, aún no aprendió a convivir con el valor y las demandas de sus años ganados.
