Tras un mes de intensa actividad y momentos de máxima tensión con disparos de artillería, Londres refuerza la seguridad regional y castiga los ingresos petroleros del régimen ruso.
La Marina Real británica incrementó drásticamente sus operaciones de vigilancia sobre la actividad de la “flota fantasma” rusa en el Atlántico Norte y en las aguas territoriales del Reino Unido, acumulando 21 días seguidos de patrullas durante julio. Este despliegue representa un aumento del 25% en las activaciones en comparación con el año anterior.
Durante el operativo, unidades navales como los buques HMS Somerset, HMS Tyne, HMS Mersey y HMS Severn, acompañados por helicópteros Wildcat y aviones Merlin con capacidad antisubmarina, monitorearon de cerca los movimientos de la fragata rusa Neustrashimy y de los petroleros encubiertos que esta escoltaba. Uno de los incidentes más delicados ocurrió cuando el HMS Tyne debió posicionarse a corta distancia mientras la nave rusa efectuaba disparos de artillería fuera de las aguas jurisdiccionales.
El impacto económico y la estrategia de defensa
Las autoridades británicas atribuyeron esta intensificación a la necesidad imperiosa de desarticular el esquema clandestino de transporte de hidrocarburos, fundamental para que el Kremlin continúe financiando la invasión a Ucrania. Hasta la fecha, el Reino Unido sancionó a más de 500 buques vinculados a esta red, lo que contribuyó a una reducción del 24% en los ingresos rusos por gas y petróleo.
Los comandantes a cargo de las misiones destacaron la coordinación constante con los aliados de la OTAN y el alto grado de preparación de las tripulaciones. A través de este monitoreo permanente, la inteligencia británica busca neutralizar las amenazas a la seguridad europea y obligar a Moscú a replantear sus rutas marítimas bajo una supervisión ininterrumpida.
