Aunque la afluencia de visitantes creció levemente en los centros comerciales a cielo abierto, los comerciantes advierten que las ventas siguen estancadas. Desde la UCIP y CAME alertaron que las escapadas son cada vez más cortas y con gastos medidos, por lo que exigen al municipio un plan urgente de incentivos y promoción.
El balance del fin de semana largo por el 25 de Mayo encendió las alarmas en el motor comercial de la Costa Atlántica. A pesar de postales que mostraron un aceptable movimiento de visitantes en los paseos tradicionales, la Unión del Comercio, la Industria y la Producción de Mar del Plata (UCIP) advirtió sobre un fenómeno de parálisis en el gasto que jaquea la rentabilidad del sector. Según el Departamento de Estudios Sociales y Económicos (DESE) de la entidad, las ventas en unidades físicas en los centros comerciales a cielo abierto apenas crecieron un magro 2,1% en comparación con un fin de semana convencional. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) le puso cifras macro al desencanto: a nivel nacional, el gasto total en este receso sufrió una fuerte contracción del 9,9% respecto al mismo feriado del año anterior, consolidando una tendencia hacia el turismo espontáneo, de estadías cortas y con un presupuesto sumamente gasolero.
El relevamiento sectorial expone la brecha existente entre la afluencia de público y el ticket de compra final. Mientras que el 42,9% de los comercios encuestados —que abarcan desde indumentaria y tecnología hasta artículos regionales y juguetería— calificó el flujo turístico como «bueno», más de un 60% admitió que sus expectativas de facturación comercial se frustraron total o parcialmente. La realidad en los mostradores arroja un escenario atomizado pero preocupante: el 28,6% de los locales observó más gente caminando pero el mismo nivel de ventas, un 30,6% directamente no percibió cambios en ninguna de las dos variables y un 2% describió el peor escenario posible, es decir, más turistas paseando pero menos operaciones comerciales concretadas.
Ante este panorama de marcada recesión local, el presidente de la UCIP, Blas Taladrid, fue categórico al exigir una intervención activa por parte del Estado municipal y provincial: “No alcanza con que la gente venga, necesitamos que consuma. Es momento de redoblar la promoción de la ciudad y trabajar para que cada visitante tenga más incentivos para gastar aquí”. En declaraciones radiales, el dirigente empresario alertó que el sector mercantil marplatense se encuentra en una fase de pura «resistencia» financiera, donde el verdadero peligro ya no es la caída estacional de un mes en particular, sino el efecto acumulado de un ciclo recesivo prolongado que erosiona de manera directa el capital de trabajo de las firmas y empuja a los propietarios a contraer nuevas deudas operativas para mantener las persianas altas.
Por su parte, el informe de la CAME detalló que las reservas hoteleras en Mar del Plata promediaron inicialmente el 50%, apuntaladas a último momento por los viajeros de cercanía. Si bien la ciudad balnearia desplegó una variada agenda cultural y gastronómica —que incluyó festivales como el CaFest, visitas a la emblemática Casa sobre el Arroyo y recorridos rurales en Sierra de los Padres y Chapadmalal—, la estadía promedio en la Costa Atlántica no superó las 2,1 noches. Este acortamiento en los viajes, sumado a la conducta defensiva de los consumidores que priorizan paseos al aire libre en la Rambla o el Torreón del Monje por sobre los gastos en locales comerciales, plantea un desafiante segundo semestre para una ciudad cuya economía depende vitalmente del derrame turístico.
