El Ministerio de Justicia surcoreano actualizó una herramienta móvil que permite a las mujeres visualizar en un mapa la ubicación de los acosadores que portan tobilleras electrónicas. La medida busca prevenir agresiones, aunque expertos advierten sobre sus límites ante un problema estructural de violencia de género.
En un intento por reforzar la seguridad ante el alarmante aumento de casos de acecho y violencia en el noviazgo, Corea del Sur ha implementado una nueva funcionalidad en su aplicación oficial de vigilancia electrónica. La herramienta permite a las víctimas monitorear la ubicación exacta de sus acosadores siempre que estos se encuentren bajo vigilancia oficial, enviando alertas automáticas a las autoridades si el agresor vulnera el perímetro de seguridad establecido.
La actualización, derivada de una modificación en la ley de vigilancia electrónica aprobada en diciembre de 2025, representa un paso más allá de los sistemas anteriores. A diferencia de los relojes inteligentes de emergencia —que solo permitían a la víctima pedir auxilio—, este sistema brinda información proactiva: «Mostrará carreteras y edificios cercanos para ayudar a las víctimas a ponerse a salvo con mayor rapidez», explicó Lim Hap-gyeok, director del Centro de Monitoreo Electrónico del Ministerio de Justicia.
El debate sobre la eficacia y los derechos
Pese al avance tecnológico, voces críticas y especialistas en criminalística señalan que la aplicación enfrenta desafíos significativos:
- Alcance limitado: La función solo es operativa para aquellos agresores que, por orden judicial, deben portar tobilleras electrónicas, dejando fuera a una gran parte de los denunciados.
- Privacidad: Expertos como el profesor Kwak Dae-kyung advierten que el uso de estas medidas preventivas debe ser debatido bajo el prisma de los derechos humanos, para evitar que la tecnología se convierta en una forma de vigilancia excesiva basada únicamente en sospechas.
- Salud mental: Especialistas en psicología señalan que monitorear al agresor en tiempo real podría mantener a la víctima en un estado de alerta constante, dificultando su proceso de recuperación y regreso a una vida normal.
Un problema de fondo: la violencia sistémica
La aplicación surge en un contexto donde el acecho y la violencia en las relaciones sentimentales han escalado hasta niveles trágicos. Aunque Corea del Sur endureció las penas en 2021 —con condenas de hasta tres años de prisión—, las denuncias se han duplicado.
El vacío legal es uno de los puntos más críticos: el país carece de una ley específica que aborde la violencia en parejas no casadas, lo que a menudo lleva a las autoridades a desestimar denuncias por considerar que no se trata de «hechos graves». Casos de alto perfil, donde mujeres fueron asesinadas a pesar de tener medidas de protección y botones de pánico, han erosionado la confianza de la ciudadanía en los sistemas actuales.
El miedo como constante
Testimonios como el de Minji, quien ha sufrido años de acoso a pesar de las medidas de alejamiento, reflejan la desesperación de las víctimas: «Últimamente, lo que más pienso es si esto solo terminará cuando yo muera». La falta de proactividad policial en casos clasificados como de riesgo menor ha llevado a organizaciones y familiares a exigir reformas que vayan más allá de los dispositivos electrónicos, reclamando una intervención estatal que no espere a que el acoso derive en un homicidio.
