Un relevamiento del Centro de Investigaciones Sociales de la UADE revela un sistema educativo atrapado entre dos modelos insuficientes. Mientras las familias y docentes descartan el avance sin condiciones, cuestionan que repetir el año sea la solución para los problemas de aprendizaje.
El sistema educativo argentino atraviesa un debate profundo y complejo: ¿qué hacer cuando un alumno no alcanza los saberes mínimos? Un estudio del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la UADE, que consultó a cientos de padres y docentes, confirma que el modelo vigente no convence a nadie. Ocho de cada diez encuestados rechazan la promoción automática, pero el consenso sobre la repitencia es igualmente esquivo, revelando la necesidad urgente de una alternativa pedagógica que hoy el sistema no logra ofrecer.
La crisis de aprendizaje no distingue entre escuelas públicas y privadas, ni entre niveles socioeconómicos. Los datos del relevamiento son contundentes: la mayoría de los actores del sistema educativo siente que ni el avance automático ni el estancamiento de la repitencia logran evitar el fracaso escolar.
El rechazo a las soluciones tradicionales
El informe del CIS-UADE, basado en la consulta a 700 padres y 200 docentes, desmenuza la insatisfacción colectiva:
- Contra la promoción automática: El 80% considera que este mecanismo no favorece al estudiante ni garantiza la adquisición de conocimientos.
- La encrucijada de la repitencia: Casi el 60% la considera válida solo como un recurso excepcional. Mientras un 37% la ve eficaz, un 36% la califica de ineficaz, evidenciando una fractura en la visión pedagógica.
Este debate ocurre en un contexto alarmante: solo 73 de cada 100 alumnos completan su escolaridad en tiempo y forma, y el 40% restante termina abandonando el sistema antes de finalizar.
¿Existe una tercera vía?
La insatisfacción con los métodos binarios ha puesto el foco en la «promoción con apoyo obligatorio» —un sistema que permite al alumno avanzar de grado mientras recibe refuerzo académico—. Sin embargo, la opinión pública sigue dividida:
- 40% a favor: lo consideran eficaz para mantener al estudiante vinculado al sistema sin perder el año.
- 40% en contra: prefieren sostener la repitencia como herramienta de exigencia académica.
El trasfondo de una crisis estructural
El estudio resalta que la repitencia no es solo un problema pedagógico, sino social. Los alumnos que repiten suelen enfrentar una mayor estigmatización y tienen tasas significativamente más altas de abandono, especialmente en contextos de vulnerabilidad.
“El sistema escolar no logra adaptarse a la diversidad de ritmos y trayectorias”, explican los investigadores. La escuela, que hoy cumple múltiples roles —desde espacio de contención hasta comedor—, se enfrenta a una realidad donde la evaluación tradicional no logra detectar a tiempo las necesidades de los alumnos ni evitar que queden rezagados.
Para los especialistas, la clave no reside en la rigidez de una norma, sino en la capacidad del Estado para asignar más recursos a un acompañamiento efectivo, transformando la evaluación en una herramienta de detección temprana y no solo en un mecanismo de exclusión.
