La multinacional italiana paralizará por completo su producción entre el 15 y el 21 de junio. A partir de julio, reestructurará su esquema laboral para operar únicamente de lunes a viernes debido a la estrepitosa caída de las ventas locales y la masiva apertura de importaciones. La Secretaría de Trabajo citó a una audiencia urgente con el SUTNA ante el conflicto gremial.
La profunda recesión que atraviesa la industria automotriz y el cambio en las reglas del comercio exterior asestaron un nuevo y severo golpe al cordón productivo bonaerense. La corporación multinacional italiana Pirelli dispuso la paralización total de las actividades en su histórica planta de la localidad de Merlo durante una semana completa, sumado a un drástico plan de reestructuración que erradicará los turnos laborales de los fines de semana a partir del próximo mes de julio. La drástica medida corporativa, que replica el freno de mano ya aplicado durante el fin de semana largo del pasado 25 de mayo, responde a una combinación crítica de factores económicos: el desplome vertical de las ventas de cubiertas tanto en el mercado de reposición interno como en el abastecimiento directo a las terminales automotrices, en paralelo con el masivo ingreso de neumáticos importados a bajo costo promovido por la actual administración nacional. Frente al inminente recorte horario que impactará sobre los ingresos de los operarios, el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA) elevó una denuncia formal ante la Secretaría de Trabajo de la Nación, organismo que convocó a una audiencia de conciliación de urgencia entre las partes para intentar encauzar el conflicto.
La suspensión generalizada de la producción manufacturera en la sede de Merlo se implementará de manera efectiva entre el 15 y el 21 de junio. Desde la conducción de la compañía aclararon que durante este bache operativo, los 650 operarios técnicos que componen la plantilla permanente percibirán sus haberes salariales corrientes sin ningún tipo de descuento ni quita por suspensiones. Sin embargo, el principal foco de tensión se trasladó al mes de julio, período en el cual Pirelli reconfigurará su organigrama de producción para concentrar las tareas exclusivamente en las jornadas de lunes a viernes. Esta decisión afectará de forma directa a unos 150 trabajadores que cumplían funciones en los esquemas de fines de semana y que verán modificados sus regímenes laborales y adicionales convencionales, un escenario que el gremio conducido por Alejandro Crespo impugnó de inmediato al calificarlo como una flexibilización encubierta que lesiona los derechos adquiridos.
El complejo presente de Pirelli no constituye un hecho aislado, sino que desnuda una crisis de carácter estructural que está diezmando a un sector que supo consolidarse como uno de los motores industriales más pujantes de la Argentina. Con este panorama, la planta de Merlo quedó posicionada como uno de los dos únicos bastiones productivos que resisten en pie en todo el territorio nacional, compartiendo el mapa de actividad con su par multinacional Bridgestone, ubicada en la localidad de Llavallol. El sector ya había sufrido un sismo irreversible en febrero de este año con el cierre definitivo de la fábrica de la firma nacional Fate en el partido de San Fernando, una drástica resolución que dejó en la calle a 920 operarios y desató un extenso conflicto sindical cuyas réplicas y protestas callejeras continúan vigentes en las puertas de la planta. Los empresarios del rubro coinciden en señalar que las tres terminales locales entraron en un proceso de asfixia gradual debido a la pérdida de competitividad en los mercados internacionales de exportación, los elevados niveles de conflictividad laboral y, fundamentalmente, la política de apertura comercial instrumentada por el gobierno de Javier Milei, la cual facilitó el desembarco masivo de cubiertas procedentes de China con valores de mercado imposibles de equiparar para la industria local.
La fábrica de Pirelli en Merlo es una de las joyas de infraestructura más valiosas de la corporación italiana en América del Sur. Fundada originalmente en 1951, la planta bonaerense fue objeto de sucesivas e millonarias rondas de inversión tecnológica durante la última década, destinadas a optimizar los estándares de automatización y a dotar a la línea de montaje de la capacidad necesaria para confeccionar neumáticos de alto valor agregado. En sus etapas de mayor rendimiento fabril, el establecimiento logró romper récords históricos superando la barrera de las 5 millones de cubiertas anuales, destinadas tanto a satisfacer los requerimientos de las automotrices locales como a nutrir los nodos comerciales regionales. Incluso durante el período 2025, la firma había anunciado con optimismo la incorporación de matrices de última generación orientadas específicamente al segmento de camionetas pick-ups y utilitarios deportivos (SUV), planes de expansión que hoy colisionan de frente contra una realidad macroeconómica que obliga a la compañía a replegarse para sostener su sustentabilidad financiera.
