Un empleado de un correo privado y sus cómplices fueron detenidos tras una serie de allanamientos en la zona norte del Conurbano. Aprovechaba su uniforme y el ingreso a los barrios más exclusivos de La Horqueta para identificar propiedades vulnerables. La banda cayó tras maniatar a un abogado y a su familia durante la madrugada.
Una sofisticada organización criminal dedicada al robo bajo la modalidad de «escruche» y asaltos nocturnos fue desbaratada por la Policía Bonaerense en la zona norte del Conurbano, tras descubrirse que el cerebro de la banda era un cartero que utilizaba su empleo formal para marcar las viviendas de las víctimas. La investigación, centralizada en el exclusivo barrio residencial de La Horqueta, en el partido de San Isidro, determinó que el sospechoso realizaba tareas de inteligencia criminal mientras recorría las cuadras distribuyendo correspondencia de un correo privado. Una vez detectados los puntos vulnerables y los movimientos de los propietarios, el entregador pactaba los golpes nocturnos con sus cómplices. El entramado delictivo comenzó a desmoronarse tras un violento asalto perpetrado contra la vivienda de un reconocido abogado de 63 años, donde los delincuentes encapuchados maniataron a los integrantes del hogar en plena madrugada. El minucioso análisis de las cámaras de seguridad municipales y privadas permitió reconstruir la ruta de escape de los sospechosos, derivando en una serie de allanamientos en cadena que culminaron con la detención de los tres implicados principales, el secuestro de autos robados y la recuperación de un millonario botín en joyas, dólares y tecnología.
La investigación penal, coordinada por la Fiscalía de San Isidro y ejecutada en conjunto por la comisaría 3° de Boulogne y la DDI local, se inició ante la alarmante reiteración de robos perpetrados bajo un mismo patrón operativo durante las últimas semanas. Las sospechas se direccionaron formalmente hacia el sector postal tras el asalto a la propiedad del letrado en La Horqueta. En esa oportunidad, cuatro malvivientes ingresaron de madrugada forzando las rejas del jardín trasero, sorprendieron a la familia mientras dormía y procedieron a inmovilizar a las víctimas y a una empleada doméstica. Bajo constantes amenazas, los delincuentes saquearon el inmueble llevándose dispositivos electrónicos, indumentaria de valor, medallas y dinero en efectivo antes de darse a la fuga. No obstante, el registro fílmico del perímetro exterior expuso el soporte logístico del asalto: un automóvil Volkswagen Vento de color gris que actuaba como apoyo y que ya figuraba en las bases de datos policiales por robos similares cometidos en jurisdicciones linderas.
Al profundizar el rastreo del rodado sospechoso, los detectives identificaron a Andrés Ponce, de 20 años, quien fue reconocido por los propios vecinos de la zona de San Isidro debido a su habitual presencia callejera con uniformes de correo. Sin embargo, el peritaje determinó que el verdadero nexo e ideólogo de las marcas residenciales era Leandro Sarandon (36), empleado activo de una firma postal privada, quien junto a su hermano Brian Sarandon (28) conformaba el brazo ejecutor de los atracos. Los delincuentes utilizaban el Vento gris —el cual poseía un pedido de captura activo por haber sido robado en el partido de José C. Paz— y un Peugeot 308 para movilizarse. La banda implementaba un sistema de adulteración de patentes, alternando los dominios antes de cada golpe para burlar los anillos digitales de seguridad y los puestos de monitoreo urbano.
Con las pruebas consolidadas, la Justicia ordenó seis allanamientos simultáneos que se ejecutaron en las localidades de Los Polvorines, Grand Bourg y Don Torcuato. En los domicilios de los imputados, las fuerzas de seguridad bonaerenses lograron la captura inmediata de Ponce y de los hermanos Sarandon, además de incautar el Volkswagen Vento y rearmar gran parte del botín sustraído a la familia del abogado, incluyendo cofres con joyas familiares, teléfonos celulares y los billetes norteamericanos. Los tres detenidos quedaron a disposición de la Unidad Funcional de Instrucción de San Isidro bajo las severas calificaciones penales de «asociación ilícita» y «robo agravado por efracción y por el uso de armas». Los investigadores policiales continúan cruzando datos de denuncias recientes para determinar el alcance total de la banda y verificar si participaron en asaltos similares en otros barrios cerrados y corredores exclusivos de la zona norte.
