En un hecho sin precedentes, el Ministerio de Defensa autorizó formalmente a los militares a tener una segunda ocupación para complementar sus ingresos. La medida alcanza a oficiales, suboficiales y soldados, quienes ahora podrán desempeñarse legalmente en plataformas de delivery, servicios de transporte y seguridad privada.
La profunda erosión del poder adquisitivo en las filas militares ha forzado una decisión histórica y dramática: el Ministerio de Defensa habilitó oficialmente el pluriempleo para los integrantes de las Fuerzas Armadas. La medida, que blanquea una realidad que ya se vivía en la informalidad, permite que quienes custodian la defensa nacional trabajen en el sector privado durante sus horas libres, reconociendo así la imposibilidad de sostener sus necesidades básicas solo con el salario castrense.
La disposición llega en un contexto de fuerte descontento en los cuarteles, derivado de la decisión del gobierno de Javier Milei de frenar el proceso de jerarquización salarial que buscaba equiparar los haberes militares con los de las fuerzas de seguridad. Según estimaciones del sector, desde diciembre de 2023 el sueldo militar ha perdido más del 80% frente a la inflación acumulada, dejando el salario real un 25% por debajo de los niveles de hace dos años.
La resolución detalla que los efectivos podrán realizar tareas en plataformas de movilidad como Uber, Cabify o Didi, aplicaciones de reparto y firmas de seguridad privada, siempre que estas actividades no interfieran con sus obligaciones en el servicio. Aunque el oficialismo intenta presentar la medida bajo el concepto de «ampliación de libertades», la lectura puertas adentro de las fuerzas es otra: se trata de un reconocimiento tácito de que el Estado ya no puede garantizar un ingreso digno para quienes portan el uniforme.
El riesgo de la desprofesionalización El impacto de esta crisis va mucho más allá del bolsillo de los soldados. Analistas de defensa advierten sobre una preocupante «fuga de cerebros» que pone en riesgo la operatividad de las instituciones. Pilotos, ingenieros, médicos y especialistas en inteligencia —profesionales con años de formación técnica de alta complejidad— están abandonando la carrera militar ante la falta de incentivos económicos, volcándose hacia el mercado privado, donde sus habilidades son altamente demandadas y mejor remuneradas.
Mientras el Gobierno busca retener al personal mediante esta flexibilización, la medida también expone la fragilidad de un sistema que, además de la crisis salarial, enfrenta severas dificultades presupuestarias para el mantenimiento de equipamiento y la prestación de servicios esenciales, como la cobertura médica. En definitiva, la autorización del pluriempleo marca un quiebre en la cultura castrense y plantea un interrogante urgente sobre el futuro de las Fuerzas Armadas: ¿qué sucede con la preparación, la disponibilidad y la vocación cuando el soldado debe priorizar un turno en una aplicación para llegar a fin de mes?
