Según un informe de la FITA, la producción se mantiene en mínimos de tres años, con una fuerte caída en la utilización de la capacidad instalada y miles de puestos de trabajo destruidos.
La actividad de la industria textil atraviesa un profundo retroceso y acumuló una caída del 22,6% durante los primeros siete meses del año en comparación con el mismo período de 2025, según un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA). Este deterioro supera ampliamente al registrado por el conjunto del entramado industrial, cuya producción general bajó un 2,6%, afectando de manera directa a sectores clave como el de tejidos y acabados, que sufrió una retracción del 35,1%.
Como correlato de esta crisis, el sector opera con apenas el 45,3% de su capacidad instalada, ubicándose casi 13 puntos por debajo de la media industrial, y se mueve en un rango ocioso que oscila entre el 30% y el 50% desde 2024. Esta parálisis productiva impactó con fuerza en el mercado laboral: el conglomerado de textil, confección, cuero y calzado registró 92.531 puestos formales en junio, lo que representa una pérdida de 28.322 empleos desde diciembre de 2023 y explica el 50% de la destrucción mensual de empleo industrial.
A la par de la contracción en la producción y el empleo, la estructura comercial e inversora muestra signos de alarma con el cierre neto de 770 establecimientos desde finales de 2023 y una caída del 31,2% en las importaciones de maquinaria textil. En paralelo, aunque las compras externas de insumos generales descendieron, se registró un incremento en la llegada de bienes finales —como un 53,5% en prendas—, un combo que, sumado al retraso en los precios frente a la inflación general, deja a las empresas sin margen para trasladar costos.
