El proyecto de ley fue presentado por el bloque oficialista en la Knéset para adelantarse a una jugada de la oposición y controlar el calendario electoral. La crisis política se desató por la furiosa interna en torno a la exención del servicio militar para los jóvenes judíos ultraortodoxos.
En un sorpresivo giro político que redefine el escenario en Medio Oriente, la coalición gubernamental liderada por el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, presentó a última hora de este miércoles un proyecto de ley para disolver la Knéset (el Parlamento israelí) y convocar a elecciones generales anticipadas. La drástica iniciativa fue registrada formalmente por el jefe de la bancada oficialista, Ofir Katz —perteneciente al partido Likud—, con el respaldo unánime de las fuerzas ultranacionalistas y religiosas que sostienen al Ejecutivo. La maniobra busca arrebatarle el control de la agenda legislativa a la oposición, que apenas un día antes había presentado sus propios dictámenes de disolución, y se produce en medio de una fractura interna letal provocada por el rechazo de Netanyahu a prorrogar la histórica exención del servicio militar obligatorio para los estudiantes de las escuelas teológicas tradicionales.
El detonante de la caída del Gobierno fue la rebelión de la facción ultraortodoxa Déguel Hatorá (Estandarte de la Torá), un componente clave de la alianza oficialista. Sus dirigentes habían amenazado abiertamente con votar junto a la oposición cualquier iniciativa que dinamitara el Parlamento si el primer ministro no garantizaba por ley que los alumnos de las yeshivás (academias talmúdicas) continuaran al margen del reclutamiento militar. Ante la firme postura pública de Netanyahu, quien aclaró que la coyuntura de seguridad ya no permitía mantener privilegios de exención para los religiosos, la coalición ingresó en un punto de no retorno, forzando al mandatario a activar el botón de la convocatoria a las urnas para evitar una derrota humillante y desordenada en el recinto.
De acuerdo con el texto técnico legislativo, la ley no establece de forma taxativa el día en que los ciudadanos israelíes acudirán a las urnas, delegando esa facultad en la Comisión de la Knéset. No obstante, la normativa constitucional previene que los comicios parlamentarios no podrán realizarse antes de los 90 días posteriores a la sanción definitiva de la norma, fijando un tope máximo de cinco meses para la transición institucional. La presentación del texto oficial contó con las firmas de partidos de la extrema derecha como Sionismo Religioso, Otzma Yehudit (Poder Judío) y Nueva Esperanza, lo que desató fuertes sospechas en Tel Aviv respecto de un pacto de salida consensuado entre Netanyahu y sus socios clericales para licuar el costo político de la ruptura.
El cronograma parlamentario estipula que el proyecto del oficialismo ingresará al pleno de la Knéset la próxima semana para sortear la lectura preliminar. Posteriormente, el texto deberá ser convalidado en tres votaciones sucesivas y discriminadas antes de adquirir fuerza de ley y dar por concluido el mandato de la vigésimo quinta legislatura. Con este movimiento de ajedrez, Netanyahu congela momentáneamente los debates sobre el reclutamiento ortodoxo que fracturaban a su gabinete de seguridad y apuesta a una nueva campaña electoral, buscando revalidar su permanencia en el poder en un escenario de alta polarización política y social.
LAS CLAVES DEL ADELANTO ELECTORAL EN ISRAEL:
- La jugada del oficialismo: El partido de Netanyahu presentó el proyecto de disolución para neutralizar una propuesta idéntica de la oposición y manejar los plazos del escrutinio.
- El eje de la ruptura: La negativa del primer ministro a blindar la exención militar de los estudiantes religiosos dinamitó la confianza de los partidos ultraortodoxos.
- Los plazos legales: De aprobarse la ley en las tres lecturas obligatorias, las elecciones anticipadas deberán celebrarse en un rango de entre 3 y 5 meses.
- Alianza bajo sospecha: El respaldo de los sectores ortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá a la propuesta del Likud sugiere una tregua para ordenar la salida electoral.
