Tras la media sanción de la ley en la provincia, especialistas analizaron las dificultades prácticas de aplicar la medida, la falta de protocolos y el rol de la tecnología como soporte pedagógico.
El reciente debate en torno a la aprobación legislativa de la prohibición del uso de teléfonos celulares en las escuelas secundarias bonaerenses puso en evidencia la brecha existente entre el diseño de las normativas políticas y la realidad cotidiana de las instituciones educativas. Durante su paso por el streaming Parecemos Buenos Amigos de INFOCIELO PLAY, el sociólogo y director escolar Damián Melcer junto al docente Matías Passaro reflexionaron sobre las dificultades operativas y pedagógicas que implica llevar esta medida a la práctica.
Desde su experiencia en el aula, Passaro planteó que el dispositivo electrónico funciona como un soporte pedagógico que ayudó a abaratar costos y optimizar tiempos en los cursos superiores, advirtiendo que el problema radica en su uso indebido —como la filmación y viralización de episodios de violencia— y no en la herramienta en sí. Asimismo, cuestionó la falta de logística estatal para aplicar la restricción: «¿Quién le saca el celular a los chicos? ¿Dónde lo ponés? ¿Quién paga el box con llave?», ironizó sobre el vacío operativo que deben resolver los docentes desde abajo.
Por su parte, Damián Melcer argumentó que la prohibición es un diagnóstico equivocado porque «el celular es cultura» y los conflictos que allí se manifiestan —generalmente gestados durante los fines de semana o ámbitos privados— ingresan igual al establecimiento. Para el director, la respuesta punitiva del sistema y la búsqueda de culpables ante la viralización de imágenes generan una «cacería de brujas» que elude el problema de fondo. En lugar de prohibir o poner candados, concluyeron que se requiere de una fuerte inversión estatal para equipar a las escuelas con más profesionales, orientadores y políticas públicas de cuidado institucional.
