Los armadores de la hermana presidencial buscan «purificar» las listas. Gobernadores y aliados avisan que no apoyarán la eliminación de las PASO.
El clima de euforia libertaria enfrenta su primer gran test de realidad en este cierre de abril de 2026. Javier Milei, visiblemente irritado por la caída del Índice de Confianza del Consumidor a niveles de hace 20 meses, ha decidido blindar a su Gabinete bajo una nueva narrativa: la existencia de una «cadena del desánimo» impulsada por los medios. Sin embargo, detrás del respaldo público a Manuel Adorni en el Congreso y la eyección del macrista Carlos Frugoni del área de Infraestructura, late una disputa estratégica profunda. Los referentes provenientes del PRO, con Luis Caputo a la cabeza, alertan que el repunte económico se «ralentiza» si el Gobierno no abandona el internismo y consolida una estructura política previsible.
La presentación de Manuel Adorni ante Diputados, lejos de calmar las aguas, dejó un sabor agridulce. Aunque Milei lo ratificó con una puesta en escena agresiva contra la prensa, el frente judicial por su evolución patrimonial sigue abierto bajo la lupa del fiscal Gerardo Pollicita. En contraste, la salida fulminante de Carlos Frugoni —un «newman boy» de confianza de Caputo que omitió declarar propiedades en Florida— marcó un límite que el Presidente no estuvo dispuesto a negociar para evitar nuevos frentes judiciales.
En este escenario, la «mesa política» del Gobierno se divide en dos visiones irreconciliables de cara a 2027. Por un lado, Karina Milei y los Menem avanzan en el armado de listas «violetas puras» en todo el país, con Sebastián Pareja como figura fuerte en la Provincia de Buenos Aires. Por el otro, el ala de los «ex PRO» como Patricia Bullrich, Diego Santilli y el propio «Toto» Caputo, consideran que es un error estratégico reeditar la crisis de alianzas del año pasado. Para este sector, la macroeconomía está ordenada, pero la desconfianza de los mercados persiste debido a la falta de gobernabilidad y previsibilidad política.
La resistencia de los aliados ya empezó a materializarse en el Congreso. Desde el PRO hasta los gobernadores que suelen acompañar, el mensaje fue unánime: no habrá apoyo para la eliminación de las PASO ni para la reforma política que impulsa el Ejecutivo. Este rechazo representa un primer gran obstáculo para el plan de Karina Milei de hegemonizar el poder territorial sin depender de estructuras ajenas.
El Gobierno se encuentra en una encrucijada donde la gestión económica y la ambición política chocan de frente. Mientras el Presidente se enrosca en una disputa retórica contra lo que denomina la «cadena del desánimo», el mercado y sus socios políticos le exigen un pragmatismo que el núcleo duro de La Libertad Avanza parece, por ahora, rechazar en favor de la pureza ideológica.
