Tras más de tres semanas de un recuento voto a voto, la ONPE confirmó que la candidata de Fuerza Popular se impuso con el 50,13% de los sufragios. Fujimori, que se convertirá en la primera mujer electa presidenta en la historia del país, aguarda ahora la proclamación oficial del Jurado Nacional de Elecciones.
Perú despejó finalmente la incertidumbre electoral. Este lunes, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) completó el escrutinio al 100% de las actas correspondientes a la segunda vuelta del 7 de junio, ratificando el triunfo de Keiko Fujimori. La líder de Fuerza Popular alcanzó el 50,13% de los votos válidos frente al 49,86% de Roberto Sánchez, en un proceso marcado por una polarización extrema y una diferencia mínima de apenas 49.641 votos.
La conclusión del conteo pone fin a 22 días de tensión institucional y espera, en los cuales los márgenes entre ambos candidatos oscilaron hasta definir la contienda en la recta final. Con este resultado, Fujimori, de 51 años, logra acceder a la presidencia después de tres intentos fallidos, marcando un hito al convertirse en la primera mujer elegida por las urnas para conducir los destinos del país.
El desafío de la estabilidad
El camino hacia la asunción, prevista para el próximo 28 de julio, depende ahora de la proclamación formal del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), organismo que debe resolver las últimas impugnaciones pendientes.
Fujimori no solo enfrenta el reto de gobernar un país profundamente dividido, sino que también deberá lidiar con un contexto de alta inestabilidad política. Al asumir, se convertirá en la novena persona en ocupar la presidencia de Perú en apenas una década, un período caracterizado por constantes crisis, destituciones parlamentarias y denuncias de corrupción.
«Esperamos la proclamación del JNE con mucha humildad, prudencia y responsabilidad. Cada vez estamos más cerca de iniciar un camino de orden y esperanza para todos los peruanos», expresó Fujimori a través de su cuenta en X.
Un hito histórico y una herencia compleja
La llegada de la hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori al poder es un hecho inédito para el sistema democrático peruano. Si bien Dina Boluarte ostentó el cargo recientemente, lo hizo por sucesión constitucional tras la caída de Pedro Castillo; Fujimori, en cambio, será la primera mandataria electa por el voto popular en la historia del país.
La futura presidenta hereda un mandato marcado por la necesidad de cohesión social y estabilidad institucional. La fragilidad de los resultados electorales subraya la magnitud de la tarea que tiene por delante: lograr gobernar en un escenario donde el consenso político ha sido históricamente esquivo.
