El nutricionista y entrenador Ismael Galancho explicó que, desde una perspectiva estrictamente fisiológica, el ejercicio cardiovascular de alta intensidad puede estimular la hipertrofia. Cuál es el requisito biológico indispensable para activar el crecimiento muscular y por qué el entrenamiento de fuerza tradicional sigue siendo el rey indiscutido.
En el universo del fitness y el fisicoculturismo, existe una máxima clásica que dicta que para ganar masa muscular es obligatorio levantar cargas pesadas, mientras que el ejercicio cardiovascular debe confinarse únicamente a la quema de grasa o la resistencia aeróbica. Sin embargo, en una reciente entrevista con la prestigiosa revista Men’s Health, el nutricionista y preparador físico Ismael Galancho desafió esta lógica tradicional de gimnasio al asegurar que, bajo determinados parámetros biológicos, el cardio posee la capacidad real de generar hipertrofia muscular. Apoyado en rigurosos estudios científicos, el especialista aclaró que el cuerpo humano responde a estímulos mecánicos y no a etiquetas de ejercicios. Si bien el entrenamiento con pesas mantiene una eficiencia muy superior y resulta insustituible para maximizar los resultados estéticos y funcionales a largo plazo, ciertas variantes de cardio de alta intensidad logran emular las respuestas moleculares de la fuerza, abriendo un abanico de herramientas complementarias especialmente útiles para principiantes y adultos mayores.
La clave molecular que fundamenta la afirmación de Galancho radica en un concepto biológico elemental: la tensión mecánica. Para que las fibras musculares inicien el proceso de hipertrofia, es indispensable someter al tejido a un nivel de estrés físico que desencadene la síntesis de proteínas miofibrilares. «Debemos poner un gran asterisco en esta afirmación, pero si atendemos a una cuestión puramente fisiológica, es posible. ¿Acaso un ciclista no aplica fuerza cuando pedalea?», graficó el entrenador. Cuando el músculo experimenta una tensión significativa, independientemente de si proviene de una mancuerna o de una resistencia exógena en un ejercicio aeróbico, las vías de señalización celular se activan, promoviendo ligeros pero perceptibles aumentos en el volumen muscular, un fenómeno que se manifiesta con marcado éxito en personas sedentarias que recién se inician en la actividad física o en poblaciones de la tercera edad.
El Matiz crucial radica en desterrar la vieja concepción del cardio como una actividad lineal, suave y de larga duración (como correr a ritmo lento en una cinta). El artículo destaca el impacto de metodologías intermitentes como el HIIT (entrenamiento por intervalos de alta intensidad) y sus variantes avanzadas, el SIT (entrenamiento de esprint a intervalos) o el RST (entrenamiento de esprints repetidos). Al combinar ráfagas de esfuerzo máximo con períodos de recuperación corta, estas sesiones se asemejan fisiológicamente mucho más a una serie de sentadillas o de prensa que al running convencional. Investigaciones publicadas en PNAS (la revista de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU.) y en The Journals of Gerontology respaldan que estas modalidades elevan la síntesis proteica de manera aguda, induciendo adaptaciones compartidas con la fuerza, tales como la mejora en la biogénesis mitocondrial y la activación de la vía celular ROS-PGC-1-MAPK.
A pesar de estas evidencias científicas, Galancho fue categórico al trazar los límites prácticos de cada disciplina, instando a los atletas a «no confundir aquello que es fisiológicamente posible con aquello que es óptimo». El entrenamiento de fuerza tradicional, basado en la sobrecarga progresiva y el movimiento de cargas elevadas, continúa siendo la vía más directa, eficiente y estructural para consolidar una masa muscular sólida y sostenida en el tiempo. El cardio de alta intensidad no debe interpretarse como un reemplazo definitivo de las pesas, sino como un aliado estratégico secundario en la planificación de la rutina. Al estructurar un programa integral que combine adecuadamente ambas esferas, se logran potenciar las adaptaciones metabólicas comunes, optimizando la salud cardiovascular sin perjudicar —e incluso respaldando— los objetivos de hipertrofia.
