Ir a ver un partido en tren costará hasta ocho veces más que lo habitual. Frente a los abusivos precios en el MetLife y el Gillette Stadium, la FIFA se desentiende de los costos de movilidad tras haber eliminado la exigencia de transporte gratuito para los hinchas. El fuerte contraste con Rusia 2018 y Qatar 2022.
A solo días del puntapié inicial de la Copa del Mundo de la FIFA 2026, una fuerte polémica internacional estalló en los Estados Unidos debido a los exorbitantes y sorpresivos precios que las redes de transporte público aplicarán a los aficionados para trasladarse hacia los estadios. La controversia afecta principalmente a las sedes de Nueva York/Nueva Jersey y Boston, donde un boleto especial de ida y vuelta en tren o autobús para recorrer distancias mínimas rozará los US$ 100. Las abusivas tarifas, catalogadas como un «saqueo» por agrupaciones de hinchas y legisladores norteamericanos, chocan de frente con los antecedentes inmediatos de Rusia 2018 y Qatar 2022, ediciones donde los servicios ferroviarios y subterráneos fueron completamente gratuitos para quienes poseían entradas. Mientras el arco político local exige que la FIFA asuma parte de la factura utilizando los ingresos récord de un torneo ampliado a 48 selecciones, el organismo rector del fútbol se desmarca del conflicto amparado en una polémica modificación contractual que eximió a las ciudades de subsidiar la movilidad de los espectadores.
El epicentro del malestar se concentra en la región metropolitana de Nueva York y Nueva Jersey, plaza que albergará ocho encuentros mundialistas, incluida la gran final programada para el 19 de julio. La empresa estatal NJ Transit desató la indignación generalizada al anunciar un esquema de pasajes ferroviarios especiales entre Manhattan y el MetLife Stadium por una cifra inicial de US$ 150. Tras sucesivas oleadas de críticas provenientes de las intendencias locales y advertencias de la propia FIFA sobre el «efecto disuasorio» que esto provocaría en la asistencia, la prestataria redujo el boleto a US$ 105 y, finalmente, lo fijó en US$ 98. Pese a las rebajas, el valor sigue siendo escandaloso: durante la temporada regular de la NFL para ver a los Giants o los Jets, el mismo tramo cuesta apenas US$ 12,90. Aquellos que decidan evitar el tren e inclinarse por el automóvil particular tampoco encontrarán alivio, ya que los estacionamientos oficiales del estadio cotizarán por encima de los US$ 200 los días de partido. En Boston la situación es idéntica: viajar en los servicios especiales hacia el Gillette Stadium en Foxborough costará US$ 80, cuatro veces más que los US$ 20 que se abonan habitualmente para espectáculos musicales o deportivos convencionales.
Frente a este complejo panorama, otras ciudades anfitrionas optaron por aplicar estrategias alternativas para proteger el bolsillo de los visitantes y mitigar el caos vehicular. El condado de Miami anunció que dispondrá de un sistema de autobuses completamente gratuitos para conectar los puntos neurálgicos con el Hard Rock Stadium. En la misma línea, Filadelfia selló un convenio de co-patrocinio con la firma Airbnb para garantizar traslados sin costo de regreso a los hogares o alojamientos tras la finalización de los encuentros, mientras que Kansas City ofrecerá un servicio de lanzaderas unificadas por una tarifa accesible de US$ 15. Sedes como Atlanta, Houston y Seattle decidieron mantener inalterados los cuadros tarifarios corrientes de sus respectivas redes de subterráneos y colectivos.
La disputa de fondo radica en determinar quién debe absorber el multimillonario costo operativo de movilizar a millones de personas en el Mundial más grande de la historia, el cual proyecta ganancias para la FIFA de US$ 13.000 millones en el ciclo 2023-2026. La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, fustigó al organismo internacional al detallar que el estado afrontará un gasto extraordinario de US$ 48 millones para garantizar la seguridad de 40.000 pasajeros por partido: «Es inadmisible que estos costos recaigan sobre los contribuyentes locales mientras la FIFA recauda miles de millones», sentenció. En sintonía, el líder del Senado de EE.UU., Chuck Schumer, exigió tarifas justas para los residentes. La FIFA, sin embargo, se defiende recordando que en 2023 modificó los estatutos de organización eliminando la obligatoriedad de la gratuidad del transporte con el fin de «aliviar la presión financiera» sobre las sedes, argumentando además que ninguna productora de espectáculos o liga privada asume jamás los costos de movilidad de sus espectadores.
