Pese a la calma cambiaria lograda por el Gobierno, el Banco Central acumuló el menor saldo de reservas del año y los activos argentinos sufrieron pérdidas generalizadas.
El balance financiero de septiembre dejó escasos saldos positivos para la economía argentina, marcado por un escenario de marcada volatilidad que afectó tanto a los títulos de renta fija como a la renta variable. Si bien el Gobierno logró sostener la estabilidad cambiaria —con un dólar mayorista que avanzó apenas un 0,56% hasta los $1517 y un minorista que cerró en $1540—, esta calma se consiguió a costa de una menor acumulación de divisas, ya que el Banco Central apenas pudo captar US$473 millones, el registro más bajo en lo que va del año.
El dato más adverso del período estuvo protagonizado por el riesgo país, indicador elaborado por JP Morgan que trepó 95 unidades para cerrar en los 607 puntos básicos. Esta suba estuvo influenciada tanto por el contexto internacional, tras el incremento de tasas de la Reserva Federal (Fed), como por diversos componentes internos. Entre ellos se destacan la desaceleración de la actividad económica —con previsiones de recesión técnica—, el aumento del desempleo y la pobreza, las dudas en torno al financiamiento para 2027 ante tasas elevadas y la incertidumbre política de cara al año electoral. Como correlato, los bonos Globales registraron pérdidas de entre el 1% y el 7%.
El mal clima financiero también golpeó con fuerza a los activos bursátiles locales que cotizan en Wall Street, donde los ADRs sufrieron retrocesos de dos dígitos liderados por el sector bancario, con caídas de hasta el 18,1% para Supervielle. En el plano doméstico, el índice S&P Merval acompañó la tendencia negativa con un desplome del 7,1% medido en pesos y de un 8,2% en dólares durante el noveno mes del año.
