El uso de lentes con filtros de color ha crecido exponencialmente bajo la promesa de reducir la fatiga visual y mejorar el sueño. Sin embargo, las sociedades oftalmológicas advierten que no existe evidencia científica sólida que respalde estas afirmaciones. La clave para la salud ocular sigue estando en los hábitos saludables.
En la era de la hiperconectividad, las gafas con filtros amarillos y rojos se han posicionado como un accesorio imprescindible para quienes pasan largas jornadas frente a las pantallas. Si bien el mercado les atribuye beneficios directos sobre el bienestar visual y la calidad del sueño, la comunidad científica mantiene una postura cauta: no hay pruebas concluyentes de que protejan la retina ni reduzcan la fatiga ocular de manera efectiva.
La preocupación por la «luz azul» emitida por los dispositivos digitales impulsó el auge de estos productos. Según la médica oftalmóloga María Julia Zunino, aunque biológicamente el filtro existe —las lentes amarillas bloquean gran parte de la luz azul y las rojas también parte de la verde—, el impacto real de esta radiación es menor a lo que sugiere el marketing. Instituciones como el Hospital Clinic de Barcelona han aclarado que la luz azul emitida por las pantallas es entre 100 y 1000 veces inferior a la del sol, desmitificando la idea de que los dispositivos digitales causan daño ocular permanente.
¿Qué ocurre con el cansancio visual y el sueño?
Aunque algunos usuarios reportan una mejora subjetiva en la sequedad ocular y el cansancio al final del día, las revisiones rigurosas de entidades como Cochrane y el Colegio de Optometristas del Reino Unido indican que falta sustento científico para generalizar estos beneficios.
Respecto al sueño, el debate es más matizado. Si bien la luz azul puede interferir con la melatonina —la hormona que regula el descanso—, los especialistas explican que el efecto de las gafas solo podría ser relevante en subgrupos específicos con trastornos del ritmo circadiano o insomnio persistente. Para la población general, el uso de estos lentes no garantiza una mejora significativa, siendo la terapia cognitivo-conductual o la higiene del sueño estrategias con evidencia mucho más sólida.
La importancia de los hábitos por sobre los accesorios
Más allá de las modas tecnológicas, los oftalmólogos coinciden en que la prevención depende de un conjunto de hábitos saludables:
- Regla 20-20-20: Cada 20 minutos, enfocar la vista en un objeto a 20 pies (aprox. 6 metros) durante 20 segundos.
- Distancia y brillo: Mantener la pantalla a una distancia mínima de un brazo y ajustar la iluminación del ambiente.
- Hidratación: El uso de lágrimas artificiales ante la sequedad ocular.
- Control médico: La importancia del examen oftalmológico anual para detectar patologías en etapas tempranas.
En conclusión, si bien el uso de estos filtros no supone un riesgo para la salud, la recomendación médica es no reemplazarlos por las estrategias clásicas de cuidado visual. «Dormir bien es más efectivo que cualquier filtro de color», sentencian los especialistas, sugiriendo priorizar el descanso real y la moderación en el uso de pantallas por la noche por encima de la compra de accesorios cuya eficacia no ha sido demostrada.
