La fila para ingresar al Polideportivo José María Gatica de Avellaneda alcanzó los 8 kilómetros en un despliegue de respeto y emoción. Tras el cierre de la capilla ardiente, la familia compartió un mensaje conmovedor sobre su legado: «Nos sugirió así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese».
Bajo una marea humana que cubrió las calles de Villa Domínico, Avellaneda, el pueblo rockero le dio el último adiós a Carlos «Indio» Solari. Durante más de 24 horas, cientos de miles de seguidores pasaron por el Polideportivo José María Gatica para despedir a quien no solo fue un ícono musical, sino una figura fundamental en la vida de varias generaciones. La convocatoria fue un reflejo de su legado: pacífica, respetuosa y eterna.
La organización del velatorio enfrentó un desafío logístico sin precedentes, con una asistencia estimada de 15 mil personas por hora. En el pico de la convocatoria, la fila de fanáticos que esperaban ingresar a la capilla ardiente se extendió durante 8 kilómetros, un testimonio tangible de la huella profunda que el exlíder de los Redonditos de Ricota dejó en su público. Pasadas las 4 de la madrugada de este lunes, tras el ingreso de los últimos seguidores, las puertas del estadio fueron cerradas, dando por finalizado el evento público.
El Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires destacó la madurez de la multitud, agradeciendo a los presentes por haber garantizado una movilización en paz. Por su parte, el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, expresó a través de sus redes sociales: «Gracias a los cientos de miles de personas que se acercaron con tanto respeto. Su legado seguirá vivo en cada canción, en cada lucha y en el corazón de nuestro pueblo».
Más allá del dolor, la familia del músico dejó un mensaje de luz para sus seguidores, revelando una voluntad expresa del Indio: sus equipos de grabación quedaron encendidos, con la música en la que estaba trabajando en sus últimos días. «Nos sugirió así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese. Hagamos eso», compartieron, transformando el duelo en una invitación a la continuidad de su obra. Con el cierre del velatorio, se clausura un capítulo de la historia del rock nacional, pero comienza la vigencia definitiva de su música como parte del patrimonio cultural y emocional de los argentinos.
