La vicepresidenta no fue invitada a la tradicional celebración patria por disposición de Karina Milei. En un clima de extrema frialdad política, el mandatario escuchará la homilía del arzobispo Jorge García Cuerva, quien anticipó duras críticas sociales, para luego liderar una reunión de ministros clave en la Casa Rosada.
En una nueva conmemoración de la Revolución de Mayo, el escenario político argentino expone sus fracturas de la manera más explícita. El presidente Javier Milei comandará este lunes la comitiva oficial hacia la Catedral Metropolitana de Buenos Aires para participar del tradicional Tedeum. Sin embargo, la jornada patria estará profundamente teñida por las disputas de poder domésticas: la gran ausente de la fecha será la vicepresidenta Victoria Villarruel, excluida de la lista de invitados por la Secretaría General de la Presidencia a cargo de Karina Milei, lo que oficializa un quiebre que parece no tener retorno. Tras la ceremonia religiosa, donde el arzobispo porteño Jorge García Cuerva pronunciará un discurso con fuertes advertencias sobre la intolerancia y el desamparo de los sectores más vulnerables, el jefe de Estado se recluirá en la Casa Rosada para encabezar una reunión de Gabinete de urgencia, destinada a contener una feroz interna que salpica desde Patricia Bullrich hasta el asesor Santiago Caputo.
La logística oficial estipula que las autoridades nacionales se concentren en Balcarce 50 antes de cruzar a pie la Plaza de Mayo, escoltados por el Regimiento de Granaderos a Caballo. La decisión de marginar a Villarruel de este trayecto y de la posterior misa no solo escaló la tensión en la cúspide del organigrama estatal, sino que motivó una sutil pero firme reacción de la Iglesia católica. Durante la misa dominical previa, García Cuerva lanzó un fuerte mensaje que pareció teledirigido a la lógica del oficialismo: «Qué difícil es hablar y respetar la diversidad en tiempos de intolerancia y de rechazo de todo el que piensa distinto», reflexionó el prelado. El arzobispo ya había advertido días atrás que el reclamo eclesiástico se centrará en la desatención estatal hacia los discapacitados, los enfermos y los jóvenes vulnerables, catalogando de «sádica» la hipótesis de un retiro total del Estado en esas áreas.
Los intentos de contener los cortocircuitos con el clero —que incluyeron reuniones reservadas entre la ministra Sandra Pettovello, el canciller Pablo Quirno y la Conferencia Episcopal— corren en paralelo a la necesidad del Presidente de ordenar su propio esquema de colaboradores. Una vez concluido el Tedeum y tras entonar el Himno Nacional frente al Cabildo junto a la Fanfarria Alto Perú, el elenco gubernamental se reunirá al mediodía en el Salón de los Científicos. La cita tiene un carácter estrictamente político: frenar la ola de pases de factura cruzados que amenaza la cohesión del espacio en un momento legislativo y económico crucial.
El temario subterráneo de la reunión de Gabinete estará dominado por dos frentes de conflicto bien definidos. Por un lado, los recientes movimientos de Patricia Bullrich, quien incomodó al riñón presidencial al presionar públicamente al vocero Manuel Adorni por su declaración jurada, al tiempo que aceleró sus planes políticos en la Ciudad de Buenos Aires. Por el otro, la guerra civil digital que estalló entre el estratega Santiago Caputo y el ala liderada por Martín y Eduardo Menem. La acusación del asesor presidencial hacia los dirigentes riojanos por el presunto manejo de cuentas anónimas para esmerilar su figura terminó de romper la paz interna, obligando al titular de la Cámara de Diputados a exigir públicamente que las diferencias «se resuelvan en el vestuario». Con las cartas sobre la mesa, Milei buscará reestablecer una autoridad interna que empieza a mostrar fisuras a cielo abierto.
